"Todo encuentro es un reencuentro"
Erley Quinteros
Voy, los sábados a la noche, alrededor de las 23 horas, al bar a encontrarme con un amigo y companero que sirve copas y atiende algunas mesas, tratando de ir paliando la situación económica; voy y tomamos algunas… para mí «medio y medio», escuchábamos algunos tangos, conversamos de todo, del presente, de todo lo que es posible hablar. De pronto, la música cambia, suena fuerte: el rock and roll y el bullicio de jóvenes que comienzan a llegar para encontrarse y prepararse para ir a bailar al boliche que queda apenas a media cuadra del bar. Llegan con toda su alegría, con sus gustos y saludos particulares y expresiones que, a veces no entendemos del todo. Tienen su vocabulario propio, sus códigos, como ha sido siempre… escuchando, uno empieza a recordar, ?será que ese encuentro con los jóvenes nos remueve y nos ayuda a reencontrar en la memoria aquellos días pasados y nos damos cuenta que no son muchas las cosas que nos diferencian? Lo de hoy, lo de ayer.. tal vez en algo sí haya diferencia: algunos peligros que los acechan hoy, diferentes sí, a los nuestros de aquellos tiempos.
Los comentarios no son complicados, hablan de ellos y de sus vivencias, por ejemplo –«y a mí me lo viene a decir, ?qué se cree? ya tengo 21 anos, ?que se piensa?»–bueno che, yo tengo 25 y no hago tanto despelote por esa boludez»; el pantalón te queda bárbaro, pero esa camisa es un culo, está de menos»–«a mí la política me paspa»– «nosotros ni ahí… pero siempre hay algunos que ponen huevos».
Idas y vueltas, se van juntando, se entrecruzan en las mesas, se seducen y van preparando con quién van a bailar esa noche. De repente, así como llegaron, vertiginosamente, en el bar vuelve la calma y quedamos un poco en soledad, momento para seguir conversando con un amigo, repasando cosas, hablando de nuestros 20, 25 anos que tuvimos, muy parecidos y a la vez tan distintos. Fueron anos vertiginosos, «crecimos apurados» y a la vez –tan igual a los de hoy– con amores, con anhelos, con las ganas de que las cosas cambiaran, como hoy también, muchos de ellos esperan.
Y nos surgieron reflexiones acerca de las cosas que hacíamos, algunas bien, otras mal, las cosas que perdimos, las que nos robaron, y crecimos con nuestros dolores. Intentamos ser buenos padres, pero… Y volvemos a preguntarnos ?qué otras cosas había…?, ?qué tan peligrosos éramos y a qué –desde el poder– se le temía tanto? y nos reímos, no sé… creo que nos angustiamos más que nada. ?Eramos la ideología foránea?, ?el enemigo interno? ?La destrucción de la civilización occidental y cristiana?.. y muchos contábamos con apenas 20, 25, 30 anos y los menos, «los viejos», como les decíamos, andaban en los 40, 45. Fuimos presos, perseguidos, al exilio, torturados, muchos murieron en los interrogatorios, otros sobrevivieron a anos de cárcel con un sistema de destrucción sistemática y lo más terrible: la desaparición forzada. Detenidos – desaparecidos… Hoy se esfuerzan en buscar la forma de sanar la herida profunda en la sociedad, por el Estado. Crímenes que no tienen justificación, y nos preguntamos: ?qué más había?, ?cuál era la terrible amenaza, para descargar tanto odio enfermizo con todos los recursos del Estado, para hacer desaparecer a tantos jóvenes? Difícil tarea la de la Comisión para la Paz, que recorrerá el camino de los testimonios, de los expedientes, al igual que lo hicimos en los anos anteriores en la Argentina, en la búsqueda de algún indicio que nos diera pistas sobre los uruguayos, y así confeccionar una lista de los companeros desaparecidos. Quizás es bueno detenerse un momento en mirar… y mirar, las edades de esos jóvenes desaparecidos. En esos momentos muchos tenían la edad que hoy tienen nuestros hijos.
La paz se refuerza con toda la verdad y quizás conocerla sea un acto de justicia.
Bueno, ya está cerrando el bar. En la radio se escuchan estrofas de un tango que quedaron resonando fuerte, como si fuera escrito hoy y dialogara con nosotros:
«?Dónde estás… dónde estás… a dónde te has ido?…
Dónde están las plumas de mi nido la emoción de haber vivido
y aquel carino…
Un farol… un portón… –igual que un tango– y este llanto mío entre mis manos y este cielo de verano que partió…» de «Yuyo verde»
Autor: Homero Expósito.
*Psicólogo social
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