De negros y razas
En Uruguay aparece un ex senador y ex ministro denigrando a los negros y en Brasil un senador vitupera a la «raza de los petistas» y proclama que debe desaparecer del mapa. Pareciera que el racismo no está muerto y que existe un estrecho parentesco mental entre quienes lo mantienen vivo.
Lo del Dr. Ignacio de Posadas no tiene atenuante posible. Al contrario. Cada intento de justificación tanto de su parte como del Directorio herrerista lo hunde más en el pantano del racismo y la discriminación. En un intento de diluir la brutalidad de su afirmación («a ver qué diablos van a hacer con esa ‘merienda de negros’ que llamaron Reforma de la Educación») recurrió a una alambicada explicación de orden filológico, con citas del diccionario de la Real Academia. Pero el sentido de la expresión es inequívoco: arremete contra la colectividad negra (y de rebote contra el democrático debate sobre la reforma educativa). Una merienda de negros, en sentido directo, se caracteriza por ser escuálida, muy reducida, pobre en cantidad y calidad, y refiere a la época de la esclavitud, en que el dueño de los esclavos les daba de comer lo estrictamente imprescindible para que no se murieran y pudieran seguir sirviéndolo. En la novela «Espartaco», del norteamericano Howard Fast, se describe como éste aprovechaba hasta el último grano de mijo de su ración para estar en condiciones de dirigir la revuelta de los esclavos. Recuerdo ahora hermosas escenas del ballet de Jachaturian sobre Espartaco y su amor por Ligia.
El editorial del órgano herrerista Patria no se atreve siquiera a citar los dichos de su correligionario (que vuelve al ruedo político) y lo pinta como un filántropo digno de un monumento para disimular su imagen de aristócrata y racista. Trece organizaciones afrourugua- yas enjuiciaron los dichos de Posadas en un comunicado de alto nivel conceptual y reafirmación democrática. De paso, ellos sí hacen una buena contribución a la semántica, al señalar que se asocia a los negros con lo que se considera negativo o se pretende descalificar.
En Brasil, donde estuve recientemente, pude apreciar como se revirtió el ataque infame del senador Jorge Bornhausen contra los militantes del PT.
El legislador se declaró «encantado» de imaginarse «libre de esta raza de petistas por al menos 30 años». Bornhausen es el presidente del derechista PFL (Partido del Frente Liberal, que ahora quiere camuflarse bajo el nombre de Partido Demócrata) y que en las recientes elecciones sostuvo a Geraldo Alckmin contra Lula.
Es un gran banquero, que se hace elegir senador por Santa Catarina y posee ilustrativos antecedentes: apoyó a la dictadura militar desde sus orígenes, fundó la Arena, el partido de la dictadura, que lo premió con el cargo de gobernador de Santa Catarina y con la presidencia del Banco del Estado. En el período de Collor de Mello fue ministro-jefe de la secretaría de gobierno hasta que el presidente fue expulsado del cargo por corrupción, luego F. H. Cardoso lo designó embajador en Portugal.
El eminente sociólogo Emir Sader (electo secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Clacso, y que recién fue designado miembro de la Comisión organizadora del próximo Congreso del PT) contestó al exabrupto de Bornhausen con un artículo titulado «El odio de clase de la gran burguesía brasileña» donde dice: «El senador Bornhausen es una de las personas más repulsivas de la gran burguesía brasileña. Banquero, derechista, adepto de las dictaduras militares, del gobierno Collor, del gobierno F.H. Cardoso, del gobierno Bush, revela ahora todo su racismo y su odio al pueblo brasileño en esa frase, que salió del fondo de su alma, plena de lucros bancarios y de resentimientos. No se engañe: mucho antes de su desaparición definitiva de la vida pública brasileña, su gente será definitivamente derrotada y colocada en el lugar que merece, el famoso ‘estercolero de la historia’. Todo esto nos fortalece en la lucha por un mundo en que cuente la dignidad y la humanidad de las personas y no la ‘raza’ y la cuenta bancaria».
Sucedió algo digno del mundo del revés: Borhausen le inició juicio al autor del artículo, quien en primera instancia fue condenado a un año de detención, lo que motivó una intensa campaña nacional e internacional con participación de intelectuales y docentes, trabajadores y organizaciones sociales, quienes suscribieron una declaración titulada precisamente «Nuestra Raza» en solidaridad con Sader.
Ahora el tema reapareció. La revista Teoría e Debate, en su último número de 2006 tituló su carátula: «La raza de los petistas está fuerte». Alude a la reelección de Lula y con ese lema marcha a su III Congreso en julio en Brasilia. *
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