Repudio y movilización

Se anunció ­primero por la prensa y luego oficialmente­ la visita al Uruguay del presidente de la primera potencia imperialista mundial, George W. Bush. Se trata de la cara más visible de un sistema económico-social «que impide a millones de individuos las condiciones necesarias para la vida […] y, sin embargo, deja que perdure tal estado de cosas.

El perro guardián de tal estado de cosas, el sujeto hegemónico y dominante está representado por el gobierno estadounidense presidido por Bush, pero también por las grandes transnacionales con origen y capital en Estados Unidos que comparten intereses. Y por los bloques dominantes asociados de los países dependientes y los tecnócratas y comunicadores a su servicio, que reproducen a su manera esa visión posibilista de ‘es lo que hay, valor’ .

Bush es la continuación más clara y brutal de lo que han sido las relaciones de hegemonía y dominación del imperialismo sobre América Latina, ‘su patio trasero’. Nada le envidia a James Monroe, quien promulgó la llamada doctrina Monroe que dice ‘América para los americanos’. O a Theodore Roosevelt, el de la ‘doctrina del destino manifiesto’, concepciones todas que condujeron a brutales intervenciones en Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Grenada, Cuba, o a sus operaciones encubiertas en Chile.

Si nos limitamos a las últimas tres décadas, la estrategia neoliberal, tan minuciosamente impuesta sobre la región, muestra sus terribles resultados para los pueblos del continente. Estrategia que ­nunca lo olvidemos­ nació chorreando sangre, mediante las muertes, torturas y desapariciones del terrorismo de Estado de las dictaduras fascistas y su aciago Plan Cóndor, como lo reconocen oficialmente las conclusiones de la Comisión para la Paz en Uruguay.

Por esa permanente siembra de hambre, pobreza, destrucción de fuerzas productivas ­humanas y naturales­, las crisis rebrotaron (y rebrotan) una tras otra con una rapidez que superó cualquier predicción. Recordemos la revuelta en Argentina, la insurrección campesina en Bolivia, la movilización campesina e indígena en Ecuador, la lucha popular venezolana que malogró el golpe de Estado, levantamientos callejeros en Paraguay y Perú, los avances en Brasil, una guerra civil cada vez más fuerte en Colombia, fueron y son expresiones de la lucha de los pueblos del continente.

Un continente agobiado por múltiples formas de explotación imperialista, pero sobre todo por una impagable deuda externa. (La misma subió a un ritmo constante a lo largo de los últimos años de la década del 80 y durante los 90: de U$S 230 mil millones en 1980 llegó U$S 793 mil millones en 1999, y luego más de U$S 1 billón para el siglo XXI.) El pago de esta deuda gigantesca exige un doloroso tributo a los sectores populares de América Latina y para en seco cualquier posibilidad de una recuperación duradera.

Planes belicistas que tampoco pueden separarse de un fenomenal presupuesto para la guerra que, al tiempo que recorta los recursos para la seguridad social y los servicios médicos de los estadounidenses, destina la cifra récord de U$S 716.500 millones al gasto armamentista y al aumento de los efectivos militares. Y, más concretamente, que destina U$S 245.000 para continuar la agresión en Afganistán e Irak, país este último donde cifras de la revista Lancet elevan a más de 655.000 las personas asesinadas ­directa o indirectamente­ por la invasión. Planes belicistas que también implican las torturas en Abu Ghraib y en Guantánamo, los vuelos, cárceles y prisioneros clandestinos en Europa, las escuchas telefónicas y el espionaje de los e-mail y de las cuentas bancarias de los yanquis y demás habitantes del planeta. Todo adobado, por cierto, con abundantes muestras de corrupción y despilfarro.

Junto con la tradicional dependencia económica ­pero también política, diplomático-militar, tecnológica, cultural, etc.­ de nuestros países con respecto a los Estados Unidos, es creciente la apetencia imperial por los recursos naturales de la Amazonia, donde, por ejemplo, se concentra el 20 por ciento del agua dulce no congelada del mundo. Igualmente, su codicia por uno de los reservorios de agua subterránea más grandes del mundo, el acuífero Guaraní, que se encuentra en el subsuelo de un área de alrededor de 1.190.000 kilómetros cuadrados (superficie mayor que las de España, Francia y Portugal juntas). Pero también los motivan las riquísimas reservas petrolíferas y gasíferas del subcontinente o las de minerales del más diverso tipo, por no hablar de las fértiles praderas que pueden alimentar a media humanidad. Conocemos que estos recursos han despertado la voracidad imperial desde hace mucho tiempo. Sus estrategas le pusieron el ojo encima y operan para explotarlas en su beneficio, ahora y en el futuro.

Es en este cuadro de más larga duración y que abarca el mundo entero que debemos inscribir ciertas actitudes recientes de la diplomacia yanqui en América Latina. El imperialismo se preocupa por esta época de cambios que sacude a su tradicional reservorio de mano de obra y materias primas baratas y actúa en consecuencia. Es que en América Latina son ya doce los países que tienen gobiernos de izquierda o progresistas.

En primer lugar, se ha activado una operación mediática internacional que pretende caracterizar al gobierno de Hugo Chávez como insano y dictatorial. En segundo lugar, esto va acompañado de una ofensiva diplomática que arrancó en Estados Unidos con intervenciones de Negroponte y Rice en el Congreso y se continua con la presencia de enviados de alto nivel a la región, en especial a Brasil y Argentina, para culminar finalmente con la gira de Bush, que abarcará México, Guatemala, Colombia, Brasil y Uruguay. También debe mencionarse la pretensión yanqui de que Nicaragua destruya sus cohetes Sam-7, mientras ­colmo de la desvergüenza­ le proporciona aviones de combate a Honduras.

Ante ello nos sumamos a la lucha por un nuevo orden internacional más justo y solidario, reafirmando nuestra clara postura antiimperialista.»

Es muy clara, no deja lugar a dudas, la definición antiimperialista del FA. De ahí, entonces, nuestra propuesta de resolución en la Mesa Política y el respaldo a los llamamientos a movilizarse ­que ya fueron lanzados por el Pit-Cnt, Fucvam y otras organizaciones sociales ­en el marco del repudio a la presencia de Bush en la patria de Artigas, que es también la de Bolívar y Martí. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje