La lengua no es de trapo

Juntos y junto a

Confieso que me cuesta poner como ejemplo de esta columna una información referida a la muerte del querido Pepe D’Elía, porque nunca falta un tarado capaz de ver en ello una falta de respeto. En fin, igual corro el riesgo sabiendo que ni Pepe ni su descendencia me lo reprocharán.

El título de la nota ­en LA REPUBLICA del viernes 16­ decía así:

«Restos de D’Elía descansan ya juntos a los de su esposa».

No es necesario ser lingüista ni filólogo para darse cuenta del error cometido en el texto citado, y presumo que la ese que incorrectamente aparece al final del vocablo junto se coló por las habituales andanzas del duende sin que nadie lo advirtiera. Digo esto último porque en el texto del artículo que desarrolla la noticia anunciada en el título se ha escrito correctamente: «…en el panteón de los municipales fueron depositados sus restos mortales junto a los de su esposa».

Ahora bien, ¿por qué podemos decir ­y está bien dicho­ «Pepe y Delma yacen juntos» y rechazamos por incorrecto «los restos de Pepe descansan juntos a los de su esposa»? Pues porque en el primer caso, estamos en presencia de un adjetivo que, como todos saben (supongo) debe concordar en género y en número con el sustantivo que determina. Así decimos Pedro y Pablo trabajan juntos o Marisa y Camila se divierten juntas o María y Javier viven juntos; como es fácil notar, prácticamente este adjetivo sólo se usa en plural. Y según el diccionario, se define como «unido, cercano» o «que obra o que es juntamente con otro, a la vez o al mismo tiempo».

En cambio cuando decimos, por ejemplo, que hay que talar los árboles junto a la ruta, o que la casa está junto al río, o cuando le pedimos, mimosos, a nuestra pareja, vení junto a mí, no estamos usando el adjetivo junto sino la locución prepositiva junto a, que significa «cerca de», «al lado».

Como sin duda no escapa al intelecto del lector (linda frase hecha muy útil para alargar un poco un escrito), al tratarse de una locución prepositiva, debemos respetar la invariabilidad propia de las preposiciones. Y por eso diremos: «Restos de D’Elía descansan ya junto a los de su esposa».

Así que a no olvidar que las preposiciones, los adverbios y las conjunciones son invariables; y las locuciones que cumplen esa función también lo son.

Lo que sí es variable­además de los adjetivos­ es el nivel de mi vaso, que va bajando poco a poco, a medida que voy calmando mi sed. Fíjese ahora, Mendieta: ya ha llegado a cero. ¿No será tiempo de subirlo otra vez?

–¡Qué lo parió! *

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