!A desmantelar, a desmantelar!

A lo que apuntan en definiva quienes preconizan la flexibilización como panacea es a borrar de un plumazo todo el andamiaje sobre el que se construyó una sociedad que mantuvo cierto equilibrio. No sería de extranar que se planteara, por ejemplo, que el pago del aguinaldo o del salario vacacional atentan contra la competitividad. (Editorial de LA REPUBLICA del 26/1/00).

1.-Desmantelar la legislación laboral y de Seguridad Social.

La pandemia ideológica neoliberal, exultante, anda proclamando a voz en cuello y a los cuatro vientos, la necesidad de hacer caer todo el andamiaje social que trabajosamente se construyó desde principios de siglo en nuestro país.

Uno de sus más notorios representantes, Gustavo Licandro, refiriéndose a la flexibilización nos dice que «desde 1990 cuando el gobierno se retiró de las negociaciones salariales, nada se ha hecho. Ello debió completarse con el desmantelamiento de la legislación laboral del país». Así nomás. Sin ningún pudor (El Observador, 25/1/00, pág. 9).

2.-Mala memoria-Distracción

?Mala memoria, distracción de este más que notorio economista defensor del establishment económico financiero de nuestro país? No lo creo. Más bien como decía mi tía vieja, «hacete el bobo que las vas a pasar mejor».

El senor Licandro sabe perfectamente que desde 1990, fecha de partida por él elegida para sus tecnocráticas e interesadas reflexiones, han pasado varias e importantes cosas en materia laboral y de seguridad social.

?Acaso no constituyó el más descarado blanqueo del trabajo en negro y de los reiterados incumplimientos de la normativa laboral, la sanción de la ley que redujo la prescripción de los créditos laborales a dos anos, premiando de esa manera a los malos empresarios en detrimento de los cumplidores de las leyes? ?Cómo le llama a esto el senor Licandro? Ni siquiera flexibilización. Desregulación lisa y llana. Y fue en 1998.

?Qué pensará esta destacada tecnocracia obsesionada por medir fríamente la realidad, que lleva todo a números, incluso a la gente, de la pérdida de la totalidad de los derechos laborales y de seguridad social que significó y significa la ley de las AFAPs, que autoriza que trabajadores se transformen en empresas unipersonales de la noche a la manana? Desregulación lisa y llana. Fue en 1995.

?Qué será para estos senores técnicos a los «que todo lo humano les es ajeno», esa brutalidad conocida como AFAPs, sociedades anónimas que juegan, lucran con los derechos humanos de la seguridad social? Fue en 1995.

?Se habrán olvidado estos economistas que como Tales de Mileto mirando el cielo en busca de los astros, ignoran lo que hay a sus pies y se caen en un pozo, de la brutal ley de pasantías laborales que deja al margen de la Seguridad Social a los pasantes, a los cuales se les paga las dos terceras partes del salario que corresponde, y otras yerbas igualmente graves? Fue el 23/12/99. Recién salida del horno.

?Y qué decir de la flexibilidad y desregulación que se da todos los días en la vida real del trabajo, mucho antes de 1990, senores economistas? En lo nacional, por ahora la dejamos por acá.

3.- Cómo andamos en otras regiones

Como respondiéndole al editorialista de LA REPUBLICA, y aplaudiendo al presidente Cardoso, agrega el senor Licandro que éste se expresó acerca»de la necesidad de revisar un artículo de la Constitución a partir del cual se aprobaron un conjunto de derechos sociales entre los cuales se destaca el aguinaldo. El andamiaje de regulaciones es bastante importante incluyendo jornada de ocho horas, salario mínimo, licencia remunerada…». Cuando el río suena…

Dos días después, 27/1, El Observador en su editorial nos dice que es necesario «la apertura total o parcial del sistema, incluyendo el ingreso de companías extranjeras en el campo de la salud, para que la libre competencia produzca mejor servicio a la población.

Y nos dice impunemente que «convendría echar una mirada sobre EEUU, la economía más desregulada del mundo, en la que el desempleo es del 4.1% y se han creado 22 millones de puestos de trabajo…».

La verdad a medias deviene en ocultamiento.

Dan Glickman es un senor norteamericano que dice que en EEUU en 1999 se observó un nivel inamovible de hambre e inseguridad alimenticia. Y agrega que en su país hay más gente que muere por exceso de comida que por no tener la suficiente alimentación. Ergo: hambre por un lado, exceso por otro, todo un paradigma del capitalismo salvaje. Claro, se estarán preguntando: ?quién es este senor Glickman? Nada más ni nada menos que el secretario de Agricultura. Algo debe de saber del tema.

Recordamos una historia contada por Eduardo Galeano. A fines de 1998 al presidente de Indonesia, Habibie, no se le ocurrió otra cosa que exhortar al ayuno a los indonesios, expresando que si el pueblo no comía dos días por semana, los lunes y jueves, se podría superar la crisis económica. Por inmoral no merece comentarios.

Finalizamos transcribiendo lo que ha dicho el doctor Héctor H. Barbagelata, orgullo de los uruguayos: La suprema neutralidad de la ciencia económica, la presunta independencia de los medios con respecto a los fines, hoy son vistas como lo que siempre han sido: ideologías al servicio de intereses creados».

Y sí, senores economistas neoliberales, comparto con ustedes que las leyes laborales son un obstáculo para el desarrollo del capital. Ya lo decía el doctor Américo Plá Rodríguez: «Hay que reconocer que cada norma laboral constituye una rigidez, un obstáculo, un impedimento para tratar al trabajo como una mercancía sujeta exclusivamente a las leyes del mercado».

Tienen por qué estar molestos senores representantes del neoliberalismo salvaje. Ante tamana pretensión, no es ético permanecer indiferentes.

(*) Integrante del equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS.

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