Escrito por: ALBERTO SCAVARELLI - Representante nacional Partido Colorado.
El presidente de Uruguay no tiene forma de perder con la visita del presidente estadounidense. Su invitación a Bush a venir a Uruguay, formulada en ocasión de su recordado abrazo en Washington, se concretará en los próximos días. Por aquí habrán de estar el invitado y su enorme comitiva, de visita y de pesca con su anfitrión, para alegría de unos y desasosiego de otros.
Naturalmente no era novedad que el mero anuncio de la posible visita generaría por estas tierras de gobierno frenteamplista una avalancha de comentarios, sorpresas, indignaciones y rechazos.
Quizás hasta ahora muchos frenteamplistas pensaron que la invitación realizada en Washington DC era sólo una mera formalidad protocolar, poco más que una forma de salir del compromiso como tantas veces sucede, pensando que la invitación difícilmente sería aceptada por el jefe de Estado estadounidense. Pero el hecho es que hizo un lugar en su compleja agenda y aceptó la invitación. En pocos días más su reel surcará nuestras aguas patrias en compañía de su anfitrión, en busca del preciado pez criollo que pasará a categoría de pescado, nada menos que por el hombre más poderoso de la Tierra, democráticamente electo en su país, mal que le pese a mucho vernáculo compatriota.
Se anuncian rayos y centellas, manifestaciones y repudios, se dicen cosas irrepetibles en todos los lenguajes, a nivel de las bases o en el propio gabinete ministerial, pero todos lo hacen para tranquilidad del presidente desde tan lejos, que seguramente salvo que su embajada aquí se lo reporte, estando en Anchorena o quizás en Punta del Este o en Polonio, el hombre no se enterará jamás y aunque lo hiciera, no creo que le afecte mucho.
Unos están planeando equiparse de hombre rana y enganchar en el presidencial anzuelo un pez lo suficientemente gordo para que la visita esté feliz con su captura y el anfitrión más orgulloso. Otros, en cambio, aun cuando son del mismo equipo, se desviven pensando cómo hacer para cortarle la tansa y hacerle perder el pescado, el anzuelo y la plomada.
De todos modos estas cosas tienen entretenido el avispero patrio. La pregunta de fondo es: ¿En qué afectan a Uruguay si es que lo afectan- estos dislates incluso ministeriales referidos a la presidencial visita?
En mi opinión, salvo que alguien cometiera un impensable disparate aun mayor, no afectarán absolutamente en nada ni al país, ni al presidente Vázquez en su relación con el mandatario del norte y su gobierno. Por el contrario, cuanto mayor sea la oposición interna a la visita entre sus huestes frenteamplistas, mayor será el mérito personal de Vázquez por la valiente invitación que formulara.
Después de todo, los presidentes y los gobiernos se vinculan directamente entre sí, y no necesariamente se refieren a los sentimientos que sobre uno de ellos tengan distintos sectores antagónicos de un pueblo, o una parte del gobierno.
Sabido es que pueblos afines entre sí pueden tener gobiernos antagónicos o presidentes enemistados, y se da el caso de que pueblos poco coincidentes, de pronto tienen gobiernos y presidentes en franca sintonía. Pero como casi todo es posible en la viña del Señor, también hay pueblos y gobiernos amigos, como hay pueblos y gobiernos unánimemente enfrentados. Cuál es el caso de este nuestro Uruguay de hoy, será una tentación poder analizarlo quizá más adelante, pero el hecho es que el presidente criollo quiere dejar claro que se siente amigo del tejano y de Condoleezza, aunque gran parte de sus bases y de su gobierno ya no saben qué insulto proferir mientras planifican mil formas de dejar expresado su repudio.
En el escenario que se presenta con Bush básicamente en Anchorena, en el departamento de Colonia, de lo que hagan en Montevideo quienes rechazan la visita, el presidente estadounidense ni sabrá, pero lo cierto es que cuanto más visible sea la manifestación de ese rechazo, incluyendo el que se hace dentro del gabinete del gobierno nacional, mejor hará quedar a Vázquez ante Bush. Será un mensaje claro de reconversión total, porque le brindará su hospitalidad mucho más allá del protocolo y le podrá demostrar que lo hace con propia convicción más allá de los opositores internos y a pesar de los pesares.
El presidente habrá de salir muy bien parado. Después de todo eso es buena cosa porque estará recibiendo al mejor de nuestros clientes y un aliado que supo apoyar al gobierno anterior en plena crisis. Quizá sea así, porque a pesar de todo es fácil reconocer cuánto significa Uruguay en esta región del sur de América, de erráticas conducciones nacionales de nuestros vecinos, que por momentos se torna casi cantinflesca, con todo el perdón solicitado a la memoria del inefable comediante mexicano, que a diferencia de los de hoy, lo hacía para alegrarnos la vida y no para complicárnosla con sus acciones u omisiones, como ahora y aquí nos pasa en este maliciosamente empantanado barrio sur del continente. *
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