William Hutt: la matriz ideológica neoliberal

Los pensadores neoliberales parecen haberse puesto de acuerdo para organizar una suerte de aquelarre en cuya hoguera pretenden incinerar toda doctrina que apunte a reivindicar a los desposeídos, a la vez que sacan de la galera ideas tendentes a justificar las tropelías que en nombre de la libertad de mercado se cometen en el fin de siglo golbalizado.

Un columnista habitual de El Observador, el señor Carlos Ball, celebra el centenario de William Hutt, un británico que puede considerarse precursor de las doctrinas neoliberales que hoy se quieren internalizar para que sean percibidas como verdades axiomáticas.

El pensamiento de Hutt tiende a trazar un panegírico del liberalismo económico a ultranza, sosteniendo, por ejemplo, que el bienestar de la gente no se puede legislar. Por suerte don Pepe Batlle no llegó a leerlo.

Enemigo declarado de la huelga, a la que atribuye daños irreparables en la economía y en las gentes más pobres, este preclaro idealista entiende que el poder sindical comete excesos que sólo benefician a ciertas élites políticas que sacan partido de la pobreza.

Toda la clase política también es mal vista por los señores Hutt y Ball, quienes le reprochan su injerencia en la economía; el senador Ted Kennedy es duramente censurado por haber propuesto un aumento del salario mínimo. «La intervención política impide la óptima utilización de los recursos y ello termina empobreciendo a toda la sociedad», afirma Ball.

En el mundo feliz propuesto por estos pensadores, deberían estar erradicadas las actividades políticas y sindicales: todo debe ser resuelto por los economistas y por los dueños del capital, quienes fijarán  con su generosidad habitual  el salario justo para los trabajadores.

Cualquier similitud con las propuestas de los neoliberales vernáculos ¿será mera coincidencia?

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