El intento de agresión a los intereses uruguayos es de enormes proporciones. Actualmente los tres pasos fronterizos por vía terrestre que unen a Uruguay con Argentina están cerrados por la acción ilegal de piquetes de presuntos defensores de la ecología que, para ello, violan las normas legales, constitucionales y hasta el tratado de Asunción por el que se creó el Mercosur.
Pero ello no es lo grave, porque ovejas descarriadas hay en todos los corrales. Lo difícil de entender es la inacción del gobierno argentino y por extensión de la Justicia del país vecino, que por distintas razones han sido encapaces de restablecer la soberanía institucional en esa zona de la provincia de Entre Ríos. Una inacción que se extendió al diálogo, al desencuentro entre los dos gobiernos, que al no tener contactos durante largo tiempo, mantuvieron en el centro de la atención a esos piquetes. Son lamentables las últimas declaraciones a la prensa de los integrantes de los piquetes, que justifican la acción en el recambio turístico que se produce en los feriados de Carnaval. Ya explicitan abiertamente que el corte de rutas está destinado a lesionar a la economía de Uruguay en su conjunto, sin advertir que lo que están haciendo es crear una situación inaceptable que perjudica, en primer lugar, a sus propios compatriotas, que son los primeros en tener el paso cortado dentro de su propio territorio.
Por supuesto que si las autoridades competentes no restablecen, como debieran, la legalidad y se mantiene esa acción violenta, afectando fundamentalmente el tránsito de personas porque el intercambio comercial ya ha encontrado conductos para canalizarse, los actos de violencia se sucederán.
En la zona del piquete no impera la Ley, porque allí no existe la legalidad, ni nadie la restablece, habiendo abandonado el gobierno argentino la obligación de preservarla, en un insólito fenómeno anárquico que no tiene muchos antecedentes.
Esperemos que las conversaciones que se realizarán entre los dos gobiernos, que tendrán lugar en Madrid dentro de algunas semanas, determinen una salida a este enojoso problema que ha crecido como consecuencia de esa insólita inacción argentina. *
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