Stiglitz y el TLC
No es ésta la primera vez que el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz nos asombra con sus opiniones fuera de toda ortodoxia neoliberal.
En nuestra edición de ayer se publicó una información sorprendente: el TLC firmado entre Colombia y Estados Unidos es «leonino», afirmó el destacado economista. «El acuerdo no era necesario, y no es justo ni libre», sostuvo con ese estilo directo, claro y preciso que lo caracteriza y que pone los pelos de punta a más de un fundamentalista del libre mercado. Criticó el tratado con la contundencia de una lógica de acero, advirtiendo que mientras Estados Unidos mantenga los subsidios a sus agricultores, mal puede hablarse de «libre comercio».
Este «enfant terrible» de la Economía, contestatario y cuestionador, ¿es acaso un marxista radical, atrapado en el pasado y prisionero de cuestiones ideológicas? Nos preguntamos esto en virtud de que tales han sido los calificativos que recibieron quienes se opusieron a un TLC de parte de algunos líderes políticos «sensatos» y «modernos» y de los dirigentes «políticamente correctos».
Vale la pena recordar que en agosto pasado José Manuel Quijano había sido lapidario respecto del formato de TLC que el país se proponía firmar con Estados Unidos. Entre otras cosas, señalaba que la innovación en el país es el resultado de acceder al conocimiento puesto que nadie innova si no accede al conocimiento. Y lo que hace un TLC es regular, encarecer y evitar que se acceda en tiempo al conocimiento.
Asimismo, advertía que si el país pretende hacer una política de fomento de proveedores del Estado, que es como se hace el desarrollo económico en todas partes del mundo, le está vedado por el TLC modelo Perú.
En estas condiciones, la única ventaja que traería aparejada un tratado de tales características para Uruguay sería un probable incremento en las exportaciones cárnicas. Para tan magro resultado, el precio a pagar es demasiado oneroso. *
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