La problemática energética
El tema energético está en la discusión, es evidente, sin que el gobierno defina con claridad cuáles son los lineamientos básicos de las políticas que se aplicarán en el país para dejar atrás el rezago que vive Uruguay en materia de generación, especialmente en este momento, cuando a nivel mundial se están definiendo caminos que deben aplicar necesariamente para la producción los firmantes del Protocolo de Kyoto.
Sabemos que a nivel técnico se sigue manejando la idea de aumentar la capacidad energética del país en base a centrales que funcionarían a gas o a carbón, dos de los combustibles que los signatarios de dicho protocolo deben tratar de evitar para reducir el calentamiento global del planeta producido por el efecto invernadero.
Uruguay, eso está bien claro, no está fuera de este mundo y debe contribuir con su granito de arena al bienestar mundial, resolviendo su problema energético de la mejor manera posible, pero además utilizando tecnologías limpias, las mismas que están ganando lugares crecientes en todos los confines. España, por ejemplo, a partir de 2008 llevará la producción de energía por medios eólicos a un 20% del total, una cifra singularmente importante que muestra cómo esta tecnología, que sigue extendiéndose en el planeta, gana en eficiencia.
Sin embargo en Uruguay, aparte de alguna tímida propuesta realizada por alguna empresa privada a la UTE en la última licitación, no funciona ningún parque eólico, método de producción limpio y económico, que utiliza como materia prima el viento, lo que es realmente sorprendente en este tipo de producción donde el combustible es una variable importante de ajuste.
En un país en el cual se tuvo la visión de realizar las represas hidroeléctricas, que desde hace tantos años apuntalan nuestra producción con energía producida por mecanismos totalmente limpios, insólitamente se quiere reforzar con nuevas máquinas de combustible sucio la central de Puntas del Tigre, que funciona a petróleo, un combustible que también afecta la capa de ozono, sin tenerse en cuenta otra cosa que la opinión de un grupo estrecho de técnicos que puede tener experiencia, pero que en el plano general de la producción de la energía puede estar totalmente equivocado, porque su política lleva siempre a reafirmar la dependencia uruguaya del exterior.
Aumentar la producción de energía en base a la importación de petróleo, carbón o gas, es reforzar esa dependencia, quedando nuestra producción en factores políticos, económicos y coyunturales que no manejamos los uruguayos.
Lo mismo ocurre con los mecanismos de interconexión energética, tan propiciados por algunos ingenieros ideólogos de UTE, que luego de cumplida su función aquí, encabezaron las nóminas de empresas multinacionales que le vendían energía al país. Pero ahora vemos para qué le sirve al país la interconexión, que es otra forma de dependencia, cuando un país debe recurrir necesariamente a ella, sin reciprocidad.
El presidente de la Olade, Alvaro Ríos Roca, se planteaba en un análisis particular del continente que América Latina debe buscar la integración energética como estrategia de desarrollo. Y agregó: «Existe un potencial hidroeléctrico que no se está utilizando adecuadamente, que es necesario utilizar».
También se refirió a las posibilidades de desarrollo en América Latina de formas de energía alternativas a las tradicionales. «Latinoamérica tiene un gran potencial para las energías alternativas, especialmente los biocombustibles, con el liderazgo de Brasil.
Luego indicó otro dato de singular importancia: «América Latina tiene 32 o 33 años de reservas de producción disponibles tanto en gas como en petróleo».
Un planteo que sirve también para aclarar aspectos del análisis que, en definitiva, desembocará en la necesaria solución para los gravísimos problemas energéticos que persisten en el país y que seguirán persistiendo si UTE no realiza inversiones propias ni amplía el llamado para que los privados lo hagan.
No hay más alternativas. *
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