La lengua no es de trapo

Un calor cariñoso, casi efusivo

Escrito por: JUAN MENDIETA

Martes 13 de febrero de 2007 | 6:14
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Probablemente la grande calor que sufrimos el fin de semana anterior y el lunes de la semana pasada hasta que llegó la lluvia refrescante haya alterado los conocimientos ortográficos de algunos colegas. Por ejemplo, este pie de foto en “El Observador” del miércoles 7:

“La jornada de ayer tuvo todos los ingredientes para desconcertar a los montevideanos. Por la mañana predominó el calor veraniego, que se hizo casi abrazador al mediodía. Pero el sol declinó en la tarde y dio paso a los nubarrones que presagiaban la lluvia”.

El calor veraniego se puso cachondo y cariñoso y le dio por estrechar entre sus brazos las cosas y las gentes. No se alarme, estimado lector, que abrazador se dice de una persona que tiene por costumbre expresar sus afectos mediante abrazos, esto es, un contacto físico entre dos personas que se apretujan y se rodean con sus brazos una a la otra; muchas veces ocurre que alguna de ellas ­o ambas recíprocamente­ se den pequeños golpecitos cariñosos sobre los omóplatos, lo que se conoce como “palmearse la espalda”, y que no es sino una muestra de afecto y confianza.

No obstante tener claro el concepto, por las dudas me fui al diccionario y me encontré con lo siguiente: abrazador no es sólo el que abraza sino que también puede ser una “especie de almohada cilíndrica que se usa en Filipinas para dormir con mayor comodidad, y que protege tanto del calor como del frío según la postura que el cuerpo adopte al abrazarse a ella”. Mirá vos las cosas que se aprenden leyendo el diccionario…

Parece claro que tanto el verbo abrazar como el sustantivo abrazo o el adjetivo abrazador se vinculan con la parte del cuerpo conocida como brazo y que, entre otras cosas, sirve para abrazar.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esta acción de estrechar o ceñir entre los brazos y sus derivados con la sensación térmica? Ninguna. ¿Y qué debería haberse escrito en su lugar? Pues sencillamente, la misma palabra pero escrita con ese y no con zeta: abrasador, cuyo origen hay que buscarlo no en esa parte de la anatomía que termina en la mano sino en la brasa, un trozo de carbón o leña incandescente. Ahora sí.

Abrasador es todo lo que abrasa; y abrasar es “reducir a brasa, quemar”, y también “calentar demasiado”, además de una serie de otras acepciones más o menos vinculadas ­en sentido figurado­ con la calor (que también puede ser hembra).

Claro que el error ortográfico se debe a la homofonía que exhiben ambos vocablos (abrasar, abrasador, abrazar, abrazador) en nuestro sistema fonológico, en el que los dos grafemas representan el mismo fonema /s/; algo que no ocurre en la mayor parte de la Península Ibérica, donde la zeta y la ese son grafemas que representan dos fonemas bien diferentes.

­Mire, Mendieta, para combatir el calor, no hay como un clarete bien frío cortado con un chorrito de fernet.

­¡Qué lo parió! *

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