La visita de George W. Bush
Difíciles alternativas está viviendo el Frente Amplio, que parece no estar preparado para situaciones cambiantes y novedosas que están siendo determinadas por su condición de partido de gobierno. La aceptación de la invitación extendida por nuestro gobierno al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, está provocando una importante conflagración interna que, seguramente, se resolverá trabajosamente pero dejando una enormidad de «heridos políticos» que por más que se discuta y se vote formalizándose un acuerdo, no podrán ocultar diferencias agudas y que se acepten plenamente los diferentes planos en que se mueven las relaciones internacionales. Una invitación, la del presidente estadounidense, que se enmarca, además, en un juego de reciprocidad, ya que nuestro presidente, Tabaré Vázquez, ya visitó el país del norte.
El diario LA REPUBLICA tiene una posición muy clara sobre este personaje que ocupa la Casa Blanca, primer responsable de una política agresiva que determinó la guerra contra el pueblo afgano y luego la arrogante invasión a Irak, basada en falsedades, en supuestas armas de destrucción masiva en poder del gobierno iraquí que jamás aparecieron. Una guerra que determinó una ocupación, hoy empantanada, que tiene un costo de miles de muertos y de la que Estados Unidos no sabe cómo salir, porque la espiral de violencia que se vive en aquel país es de proporciones crecientes y sólo se detendrá cuando los soldados estadounidenses se vayan. Ello es evidente.
Es una guerra atroz que le debemos al gobierno encabezado por Bush, pero que fue votada unánimemente en el Senado de Estados Unidos en su momento hasta por los que hoy son «angelicales» candidatos demócratas.
Sin embargo debemos reconocer la otra cara de la moneda. Por ejemplo la mano que le dio a Uruguay el gobierno estadounidense durante la crisis de 2002, otorgándole un crédito puente que abrió las compuertas de los préstamos que los organismos internacionales de crédito nos estaban negando.
Ese crédito puente fue la base del inicio de nuestra recuperación, a lo que se unió, posteriormente, la apertura del mercado del país del norte a nuestras carnes. ¿Es necesario recordarles a quienes tienen una visión del imperialismo yanqui centrada en su acción bélica en Medio Oriente, estos otros aspectos?
Por ello, cuando en el gobierno se encuentran hombres y mujeres surgidos del Frente Amplio que, evidentemente, tratan de conducir al país hacia el desarrollo sostenido, objetivamente parece demencial poner trabas a la visita del presidente de la máxima potencia mundial, con la cual se tiene un muy importante comercio exterior. Es sencillo escudarse en una supuesta posición basada en una ética inalterable y calificar con gruesos términos al mandatario del país que nos está comprando casi el 80 por ciento de la producción de carne, a buen precio, y que además nos ha sacado del pozo de 2002, dispuesto además a acuerdos comerciales, discutibles para muchos, pero que para otros son necesarios, que podrían determinar que se abriera ese mercado a nuestros productos prácticamente sin aranceles de ingreso.
Sin renegar de la línea antiimperialista, conscientes de la agresión inicua concretada contra Irak, sabiendo muy bien quién es el presidente de Estados Unidos, entendiendo que es nuestro gobierno el que analiza las relaciones internacionales y la conveniencia para el país de su inserción en el mundo, es que consideramos que el Frente Amplio debería respetar las decisiones que adopta el gobierno.
Claro, como dijo el vicepresidente, Rodolfo Nin Novoa, la sociedad civil está en su derecho de pensar lo que quiera y repudiar o no al presidente estadounidense. Quienes no lo pueden hacer son los integrantes del gobierno, por la razón del artillero. El Frente Amplio, como partido de gobierno, tiene que pensar dos veces antes de introducir una nueva contradicción que aparecería como insoportable.
Alguien cree que mantenernos como un espacio testimonial, rechazando a Bush, nos serviría para algo. *
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