Pasando facturas
El patrón de arriba es infinitamente justo, y aunque la justicia la mayor parte de las veces es lerda, El se encarga de hacerla llegar. El caso del ex senador Nicolini no es novedoso ni exclusivo. En todos los partidos políticos multitudinarios del mundo conviven gentes honradas, lentas y ligeras. Es inevitable e insisto en la condición humana. Por eso, el sabio refrán reza que «no debe escupirse al cielo» pues puede caer en la cara.
El Partido Nacional, con 170 años de existencia, haciendo la Patria entre otras menudencias, por supuesto vio pasar a más de cuatro vivos o aprovechados. Y podemos decir, también con legítimo orgullo, que toda vez que se constataron irregularidades o deshonestidades se elevaron los casos a la Comisión de Conductas y se les expulsó de la colectividad.
Eramos los únicos que lo hacíamos y hasta se nos ha dicho que somos más duros con los nuestros que con los contrarios; ergo también insisto en que los blancos, tal vez mandatados por uso y costumbre mantenida con prístina rigidez, recibimos diatribas tremendas, y desde «degolladores», nazis vendidos al imperialismo (justo a nosotros, que siempre los enfrentamos), hasta recientemente en campañas electorales contemporáneas, calumnias, infamias, barbaridades y atropellos incalificables en los cuales no se midieron límites morales, con conductas o referencias personales donde se mancillaba el honor, que poco importaba con tal de desprestigiar y poder espúreamente ganar elecciones, así se arrastrase con familias enteras.
No se trepidó infamemente en inventar por algún «pasquín» departamental escrito por apellidos ajenos al ser nacional, contra el presidente del Directorio doctor Larrañaga. ¡Y les parecía macanuda y divertida la táctica empleada! ¡Algo simplemente inmundo! Lo mismo se repitió, recuérdese, en la «embestida baguala» contra el doctor Lacalle y su esposa.
Y obsérvese que ni siquiera la calidad de dama que hasta por razones de estilo y buen gusto se contempla, y en el caso del doctor Lacalle que por añadidura había sido senadora.
Una actividad comparable al peor lumpen. Memorícese el famoso sonsonete, que blancos y colorados eran lo mismo. Claro, en su condición de ladrones, abusadores y corruptos.
Obviamente no me interesan los colorados, que se pueden defender por sí solos, por cierto. Pero sí me interesan los míos. O sea, los blancos. ¿Dónde están los ladrones masivos? Donde están las inconductas que una vez que ganaran y gobernaran, denunciarían por patriótica honradez?
Los blancos hicimos la Patria. Abolimos la esclavitud, creamos la Universidad, El Correo, las cajas de Jubilaciones, el Contencioso Administrativo, logramos el voto secreto y la representación proporcional de las minorías sin perjuicio de regar con la mejor sangre a sus hijos en campos de batalla, no por el ansia de poder sino por logros sociales y libertades públicas como la libertad de expresión. Que garantiza, aunque parezca mentira, que puedan esgrimirla hasta los lenguaraces que se dedican a difamarnos. Hoy cae alguien que no es nuestro. El Frente Amplio, aparentemente no tiene más remedio que pedir renuncias. Incluyendo graves divisiones internas de radicalizaciones imprevisibles. Unos los echan y unos pocos lo defienden.
Nada tenemos que ver, ningún blanco salió a difamar a Nicolini. Nadie lo difamó o calumnió como se hizo canallescamente hace poco tiempo, con el señor doctor Guillermo García Costa. Un lujo para cualquier partido político tanto en lo moral como en lo intelectual. Manoseado y difamado por el caso de Focoex.
Después de aclarar judicialmente con largueza y solvencia moral su cristalina conducta, el señor doctor García Costa como buen y digno blanco ha mantenido un orgulloso silencio ante los hechos, estos sí probados, que hoy enlodan al sistema político. Su conducta, como la de todos los blancos denunciados y que se anunciaban con fruición preelectoralmente, iban a ser sancionados y poco menos que expulsados a patadas, no los han podido rozar ni con el pétalo de rosas.
O sea, desde el Libertador General Manuel Oribe a la fecha, jamás fuimos ni parecidos a los colorados ni a nadie. Simplemente, somos blancos que honradamente hicimos la Patria y garantizamos sus libertades para que todos puedan expresar sus ideas y opiniones.
¡Inclusive los calumniadores y canallas! ¡Por ellos, entre otras razones múltiples, murió el Libertador General Manuel Ceferino Oribe y Viana hace 150 años! *
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