La pérdida de empleos industriales
Daniel Olesker
Desde 1990 se inició una estrategia de reducción de la inflación basada en la llamada «ancla cambiaria», es decir en fijar un tipo de cambio por debajo de la evolución de los costos internos, lo cual llevaría a una reducción del precio de los bienes importados y ello presionaría a la baja a los productos nacionales. Esto se complementó con una apertura externa tanto a la región como al resto del mundo, bajando de manera importante los aranceles a los productos importados, lo que abarató aún más la importación.
Todo ello dio como resultado una reducción de la inflación, pero sin embargo las cosas no se pueden mirar solamente por los resultados en materia inflacionaria, sino que hay que mirar globalmente lo que pasó con la economía y con la gente que en definitiva era el supuesto destinatario de la reducción de los precios. Porque toda estrategia tiene costos y beneficios y para lograr un objetivo hay más de una herramienta. En este caso la que se usó tuvo efectos muy negativos sobre otras variables. Demos una mirada más global al fenómeno de la década de los 90.
Para ello es necesario recordar dos hechos más que impactaron sobre la situación y que fueron el resultado también directo de esta política antiinflacionaria:
* el sostenimiento de la política cambiaria en un marco de creciente déficit de la balanza comercial (debido al encarecimiento de nuestras exportaciones y el abaratamiento de las importaciones) implicó un ingreso permanente de capital desde el exterior, lo que condicionó de manera notoria la política financiera nacional y encareció el acceso al crédito.
* el abaratamiento de las importaciones, en especial de bienes de consumo exigió un aumento del consumo para validar las ganancias de los importadores y ello significó que los capitales que ingresaron fueran orientados a sustentar el consumo y no a mejorar la inversión y la reproducción económica en el largo plazo.
Todo lo anterior dio como resultado una fuerte destrucción de producción agropecuaria e industrial nacional, tanto de bienes finales como de insumos, que fueron rápidamente sustituidos por productos importados. A precios constantes de 1983, las importaciones pasaron del 20 al 33,3% del total de la oferta de bienes y servicios en el país. En muchos casos fue la propia empresa industrial quien dejó de producir y pasó a importar aprovechando la cadena de clientes que ya tenía. Sin embargo para los trabajadores el proceso fue francamente negativo, al menos por dos razones:
* por la pérdida de un número muy importante de empleos industriales
* por las peores condiciones de trabajo y de salario de los nuevos empleos que se creaban en el comercio o en servicios vinculados al sistema financiero no bancario, al transporte o al turismo.
Veamos algunos números:
En la industria manufacturera en 1988 (año del censo industrial) había 171.394 trabajadores y trabajadoras.
En 1996 (año de última información consolidada de la encuesta industrial) había 104.762, es decir 66.722 puestos de trabajo menos y por ende una reducción del 39% del empleo en la industria manufacturera.
El cuadro siguiente nos muestra las situaciones más graves creadas según ramas de producción:
Cuadro 1: Empleo Industrial Perdido 1988 a 1996
Qué es lo que pasó entonces, si lo miramos desde el punto de vista global:
a) La apertura externa y el plan de estabilización a través del tipo de cambio provocó una transferencia de riquezas desde el país al exterior, y frente a esa disyuntiva la estrategia adoptada fue la de transformarse de industrial en comerciante, manteniendo niveles de venta y ganancia y reduciendo el empleo, de tal manera que el costo de la apertura y la transferencia de riqueza fue transferida a los trabajadores.
b) Al mismo tiempo los que se mantuvieron como industriales para contrarrestar el efecto del atraso cambiario, desplazaron trabajadores para reducir la masa salarial, ya que los costos financieros y de las tarifas públicas no se reducían y seguían apropiándose de una parte importante del excedente económico.
c) El empleo industrial que cayó fue sustituido por empleo en el sector de comercio, servicios financieros no bancarios, y otros servicios vinculados al turismo, con niveles salariales menores a los de la industria, sin negociación colectiva y sin sindicatos en su mayor parte. Más aún con procesos represivos a la conformación de sindicatos.
Por ende la inflación bajó, es cierto. Sin embargo el costo social de dicha estrategia de reducción de la inflación ha sido altísimo provocando un aumento del desempleo estructural del país y un empeoramiento de las condiciones de trabajo de una parte importante de la población. Al mismo tiempo la necesidad de mantener el consumo de la vorágine de productos importados hizo privilegiar el crédito al consumo respecto al crédito a la producción, lo que llevó a un crecimiento insuficiente de la inversión privada (estamos en cerca de 14% del PBI y necesitaríamos no menos de 20%), agravado además por la caída de la inversión pública.
Por ende, con la estrategia de los 90 hipotecamos cantidad y calidad de empleo presente y sobre todo hipotecamos cantidad y calidad de empleo futuro.
Como siempre y como ya lo hemos dicho reiteradas veces, esta política ha beneficiado al triángulo de los bancos-grandes cadenas comerciales e importadores-grandes exportadores, que han sido los que se han quedado con el excedente económico que el país ha generado en estos años.
* Economista
| Rama | Puestos Perdidos |
| Textiles y prendas de vestir | 18.000 |
| Cuero y derivados | 5.000 |
| Panaderías | 4.000 |
| Imprenta y Papel | 3.300 |
| Madera | 3.000 |
| Automotriz | 3.000 |
| Carne | 3.000 |
| Productos del Mar | 3.000 |
| Bebidas | 2.000 |
| Tocador y limpieza | 1.500 |
| Medicamentos | 1.500 |
| Plásticos | 1.000 |
| Lácteos | 700 |
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