Escrito por: JULIO GUILLOT - Periodista
En las primeras horas del 9 de febrero de 1973, al sintonizar su emisora de radio preferida, cada uruguayo se encontró con la sorpresa de que en vez de los programas matutinos habituales, una estridente marcha militar se oía insistentemente; al hacer girar el dial para buscar otra estación, advertían, asombrados, que en todas se irradiaba lo mismo.
Cuando cesaban los marciales acordes, una voz impersonal informaba a la población de la novedosa situación política generada a raíz de una decisión castrense: los militares no acataban la designación del general (r) Antonio Francese como ministro de Defensa. El comunicado decía en su parte medular: “(las FFAA) han decidido desconocer las órdenes del Ministro de Defensa Nacional, Gral. Francese, al mismo tiempo que sugerir al señor Presidente de la República la conveniencia de su relevo”.
Asimismo, se leían otros comunicados emitidos por la oficina de prensa de las Fuerzas Armadas (Ejército y Fuerza Aérea ya que al comienzo la Marina pretendió mantenerse fiel al orden constitucional) y firmados por el comandante en jefe del Ejército, gral. Hugo Chiappe Posse y por el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier José Pérez Caldas, en los que se proclamaban ciertas premisas y se anunciaban medidas que sorprendieron especialmente a los ciudadanos identificados con el Frente Amplio.
Usando un lenguaje y conceptos propios de los partidos de izquierda, los militares sublevados habían elaborado una suerte de plataforma de principios cual si fueran un grupo político de corte progresista, donde se mezclaban consignas anticomunistas clásicas con propuestas de cuño nacionalista y antiimperialista. En los comunicados números cuatro y siete, por ejemplo, se hablaba de combatir la corrupción y los ilícitos económicos, de eliminar la deuda externa, de incentivar la producción y las exportaciones, de erradicar la desocupación, y se enunciaba el firme propósito de las FFAA de no ser jamás el “brazo armado de la oligarquía”.
Es preciso reconocer que esos cantos de sirena sedujeron a muchos militantes y dirigentes de izquierda que creyeron en un supuesto “peruanismo” de nuestras FFAA.
Buen chasco nos llevamos. *
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