Recuerdos de viejos tiempos
Estos días han sido de profundas emociones para quienes trabajamos 50 años atrás en El Popular. Un acto espléndido efectuado el sábado 3 en un local que lleva el nombre de Alberto Suárez reavivó esas vivencias. Los recuerdos fluyeron en primer lugar hacia quienes ya no están entre nosotros. En nota anterior me referí a Ismael Weinberger, que había participado desde la etapa previa al lanzamiento del diario, fue uno de los editores de la prensa clandestina Carta Semanal bajo la dictadura (junto a nuestro subdirector Tito Martínez y otros compañeros) y falleció después de salir de la cárcel, donde sufrió brutales torturas.
En el acto recordé a Mario Ricobaldi, nuestro capitán de las máquinas, que nos dejó hace poco más de un mes. Evoqué la figura de su padre, un obrero textil de las fábricas del Reducto y dirigente del gremio, que había participado en los cursos de marxismo que yo dirigía en la seccional 12ª y me sorprendió por sus lúcidas observaciones en el estudio de la plusvalía. Señalé entonces la sucesión de varias generaciones de militantes en nuestra lucha.
Ahora quiero salvar una omisión en que incurrimos todos los oradores. No mencionamos a los mártires de la seccional 20ª, masacrados en la madrugada del 17 de abril de 1972 (una antesala sangrienta del golpe de Estado) que trabajaban junto a nosotros: me refiero a Luis Alberto Mendiola, un esforzado difusor del diario (que ya venía del período anterior) y Justo Sena, un muchachito muy delgado que trabajaba en el taller, de donde salió esa noche para ocupar su puesto en el seccional. Alfredo Zitarrosa nos ha legado una canción para todos ellos, con sus nombres: sangre de Mendiola, de José Ramón Abreu, Ricardo Walter González, Raúl Gancio, Justo Washington Sena, Elman Fernández, Ruben López, y de Héctor Cervelli, que falleció después tras una larga agonía en el hospital militar. Un hecho conmovedor es que monseñor Carlos Parteli, arzobispo de Montevideo, concurrió a su velatorio en la vieja casona de Sierra 1720. Esos son los muertos que llevamos en el corazón.
Los sobrevivientes revivimos la dicha que sentíamos en aquellos viejos tiempos al ligar nuestra vida a la causa común, cumpliendo nuestro trabajo con alegría y pasión, porque se consustanciaba con nuestros propios anhelos. Nos realizábamos a nosotros mismos, tratando siempre de superarnos. Algunas veces he pensado que así como Erasmo escribió el «Elogio de la locura», habría que escribir un Elogio de la militancia, ubicando a ésta en cualquiera de sus múltiples planos, sin prevalencia de ninguno sobre los demás.
En el acto se evocó también la figura de Pepe D’ Elía, en íntima relación con su brega inclaudicable, a lo largo de setenta años, por la unidad de la clase obrera, que fue uno de los centros primordiales de atención y motivo de una campaña sistemática por parte de El Popular desde la primera hora, pasando por el Congreso del Pueblo y la fundación de la CNT hasta su culminación en esa etapa con la huelga general contra el golpe de Estado.
Otro tanto cabe decir del esfuerzo sostenido por la unidad total de las fuerzas de izquierda, que plasmó en la creación del Frente Amplio luego de una larga prédica mantenida en el terreno político y organizativo, así como en el plano ideológico contra todas las tendencias a las exclusiones primero y a la reducción de su papel después. El FA surgió así como una de las primeras formaciones de la izquierda en el mundo que albergaban en su seno, en relación y debates fraternos, en interpenetración recíproca de puntos de vista e ideales, a marxistas y cristianos, a los seguidores del humanismo marxista (al decir del sacerdote Perico Pérez Aguirre) y a los devotos del Sermón de la Montaña.
Era la versión acabada de la unidad sin exclusiones, que hoy figura como ejemplo a estudiar por parte de las fuerzas de izquierda a nivel mundial y particularmente latinoamericano, sobre todo entre quienes están empeñados en la integración y unidad de las fuerzas de izquierda para llegar al gobierno. Hace poco analizábamos la aleccionadora experiencia del Polo Democrático Alternativo (PDA) de Colombia en ese sentido. Ahora el presidente Uribe, jaqueado por las evidencias de la conmixtión de fuerzas representativas de su gobierno con las bandas asesinas de los paramilitares, arremetió con furia contra el PDA, precisamente porque alberga en su seno a fuerzas de izquierda de distintos orígenes, que apelaron en el pasado a distintas formas de lucha y hoy se unifican en torno a un programa y a objetivos democráticos comunes.
Al día siguiente del acto referido se conmemoraba en el Parque Rodó el 36º aniversario de la constitución del Frente Amplio, en una serie de mesas temáticas de diálogo directo con el pueblo con participación de las distintas vertientes del frentismo, para debatir sobre la política del gobierno y los planes para el futuro inmediato.
Mirando a la distancia, y esto puede oficiar como resumen, los participantes en aquellos años de forja albergamos la íntima satisfacción de haber contribuido a ese acontecimiento que quedó en la historia porque llevó a la izquierda al gobierno para cambiar al Uruguay. *
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