Las carencias que limitan nuestro crecimiento

Las cifras manejadas por los expertos indican que el aumento de la demanda interna (7,5%) y externa (11%) en 2007 permitiría el incremento de la actividad en todos los sectores productivos, aunque a menor ritmo que en 2006, por lo que el PIB crecería cerca de 5%.

De acuerdo al informe anual del Area de Coyuntura del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, la industria manufacturera y el sector transporte y comunicaciones serían nuevamente los sectores con mayor dinamismo, mientras que la construcción y el sector comercio, restaurantes y hoteles crecerían en forma similar al promedio.

En la actividad industrial tendría especial incidencia el inicio de la producción de pasta de celulosa por parte de la empresa Botnia, previsto para la segunda mitad del año, al tiempo que ello tendría también impacto en las actividades vinculadas al transporte marítimo y al comercio.

Adicionalmente, el subsector de comunicaciones continuaría creciendo. La actividad en la construcción se explicaría principalmente por el mencionado plan de obras de infraestructura, dado que el inicio de la construcción de una segunda planta de celulosa es todavía incierto y el crédito hipotecario sólo comenzaría a recuperarse lentamente, partiendo de niveles muy bajos.

Debe notarse que, si se retrasara el inicio de actividades de la planta de celulosa (ahora se fijó su inauguración para setiembre), el crecimiento del PIB sería apreciablemente menor ya que el resto de las actividades crecerían a tasas moderadas.

Todos los componentes de la demanda agregada aumentarían en 2007. La inversión fija continuaría recuperándose con dinamismo (aproximadamente 25%), aunque ello se debería en buena medida a la finalización de las obras en la planta de Botnia, ya que la inversión del resto del sector privado mantendría su escaso dinamismo.

El consumo también crecería (6%) debido en parte al previsible incremento del empleo y el salario real, a los planes de reducción de la pobreza y a la recuperación del crédito (6%), en un contexto de crecimiento de los depósitos bancarios (7%). Sin embargo, la incertidumbre en torno al efecto de la reforma tributaria sobre los ingresos de las capas medias de la población podría amenazar el incremento previsto del consumo.

Como se ve, es un panorama positivo el de la economía, el ideal para el gobierno frenteamplista que logrará, con mesura y sin establecer una multiplicidad del gasto estatal, que el país comience a recorrer un camino económico de piso firme que supere los escollos que sobrevendrán, por supuesto, cuando la coyuntura internacional, ampliamente positiva, se modifique en contra de los intereses del país.

Ya la tendencia coyuntural positiva se verificó, lo debemos reconocer, en la última etapa del gobierno colorado del doctor Jorge Batlle, en la cual el país comenzó a salir de una de las crisis de empobrecimiento más profundas vividas en su historia.

Sin embargo, en materia de inversión, si dejamos fuera al rubro de las plantas pasteras, Uruguay sigue sin ser atractivo, manteniendo niveles muy bajos de inversión extranjera, hecho quizá motivado por la carencia de mercados. La situación endémica que vive el país afecta a los productos elaborados o semielaborados, habiendo fracasado el Mercosur en ese fundamental cometido. Por otra parte la pequeñez del mercado interno no permite el desarrollo de industrias nacionales de, por ejemplo, línea blanca, que otrora se producían en el país, al no poder competir con productos similares importados.

La industria automotriz uruguaya siempre ha sido marginal dentro de la región, no pudiendo casi nunca insertarse en algún nicho de mercado que le permitiera una producción sostenida. Por otra parte el férreo control que mantiene el Estado sobre algunos niveles de producción, como por ejemplo el de la energía, hacen casi imposible una fluida llegada de capitales privados.

Recién ahora UTE aceptó comprar a privados una producción energética muy marginal que no llega al 6% de la totalidad y prefiere seguir adelante con planes de centrales propias, movidas por sistemas de combustibles sucios (que tienden a erradicarse en el primer mundo), como el carbón y el petróleo, que multiplican el efecto invernadero al consumir energía de la atmósfera.

Uruguay, si piensa realmente en convertirse en un país productivo, tendrá que revisar muchas de sus tradiciones, valorar mucho más al mercado interno, que le sirve a algunos pero es despreciado por otros, siendo necesarias políticas de apertura que le permitan al país dejar uno de los últimos lugares del mundo en materia de inversión extranjera. *

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