Fronteras, izquierda progresista o bananero

El sur del continente americano está siendo gobernado por fuerzas de izquierda. El sueño socialista, apareció simplemente con la democracia representativa, las revoluciones armadas quedaron totalmente fuera del pensamiento de la izquierda, pero ¿en qué contexto la izquierda está gobernando?

Los tratados de libre comercio, son un eje controvertido en los gobiernos latinoamericanos. Veamos algunos ejemplos, que quizá derrumben los mitos que nos rodean. Por ejemplo México: luego de cinco años de un TLC con Estados Unidos el resultado marca un aumento de las exportaciones al mismo, con un 50% de las exportaciones al gigante del Norte, pero lamentablemente hubo un aumento de la pauperización y una disminución del crecimiento del Producto Bruto Interno, con relación a los años anteriores al TLC.

Esto significa que dicho tratado tuvo influencias dudosas, aunque continúa con un crecimiento del Producto Bruto Interno, el mismo es inferior al registrado antes del tratado, generando a la vez una pauperización de la población. A su vez, México tiene divisas de entrada al país por más de 25 mil millones de dólares por concepto de remesas enviadas desde Estados Unidos de familiares radicados en el Norte, lo que significa que es la primera o segunda entrada de divisas de más importancia al país. Cifra que se compara casi con dos veces y media las exportaciones de nuestro país en un año.

Por otro lado en Chile, que viene bajando el índice de pobreza con relación a la dictadura de Pinochet, en donde pasó de más del 40% (índice durante el régimen de facto), a menos del 18% con los gobiernos democráticos. Contrariamente, la distribución de la riqueza no fue equilibrada con los gobiernos socialistas y la sociedad se polarizó aunque disminuyo el índice de pobreza y la indigencia. En lo económico Chile continúa con casi un 80% de las exportaciones, integrados con productos primarios o con poco valor agregado, lo cual significa que como país productivo, o de tecnología, no logró el desarrollo que todos imaginamos. Abierto al mundo con índices del 9% al 1% de barrera arancelaria, no logró echar bases importantes fuera de lo «bananero»(como símbolo) de objetivos más sustanciales.

En Brasil, Lula no despega del 3% (PBI) de crecimiento en su economía, pero con un crecimiento demográfico importante, que se debe restar al PBI, esto produce un estancamiento del país en términos relativos, dirigido por un gobierno basado en la política neoliberal que tanto criticó anteriormente y que ahora en el poder practica.

Frente a esta situación Lula se plantea en esta nueva etapa una millonaria inversión por parte del Estado, que llevaría el PBI a duplicarse, pero lo dudoso del mismo (aunque es positivo) es que la misma será fundamentalmente en obras públicas, elemento que dinamiza la economía, pero con limitaciones en el corto y mediano plazo.

Argentina, por otra parte, con un crecimiento del PBI del 9,5% anual, sustentado por más de tres años y con perspectivas de continuar, fue el único que rompió en nuestra región con la política neo-liberal, desarrollando un sistema cambiario y monetario que ayuda a las exportaciones, castiga a las importaciones y desarrolla un mercado interno de productos nacionales, que es fundamental para que exista una mejor distribución de la riqueza.

El mercado interno en el vecino país, junto con el sistema cambiario, son la clave del éxito de su economía; no nos olvidemos de que Argentina viene de un 65% de índice de pobreza, es decir, dos de cada tres argentinos se habían convertidos en pobres. Hoy el índice bajó a menos de la mitad, con un 26%, y se proyecta en baja. Argentina rompió las inducidas formas nefastas neoliberales y sin cerrar fronteras y sin dejar de estar abierta al mundo, con su política económica propia, defendiendo el sector productivo, como su industria y el agro, salió adelante. Tiene una proyección futura, social y económica, interesantísima. En la práctica los sueldos no bajan de 350 dólares, siendo el costo de vida muy inferior al nuestro.

Nuestro país, con apenas dos años del nuevo gobierno, se ha creado insuficiencias que se deberían corregir; la competitividad en el frente externo (exterior) bajó un 2% en 2006, las importaciones tuvieron un índice de crecimiento relativo muy superior a las exportaciones. Los primeros nueve meses de 2006 las transacciones de bienes y servicios con el exterior generaron un déficit de 230 millones de dólares, casi más de diez veces la cifra del año anterior (21 millones de dólares). El gobierno emitió deuda (en el año) por más de 4.600 millones de dólares para corregir los vencimientos inmediatos que el país ya había contraído anteriormente.

La estructura económica neoliberal continúa, a semejanza de Brasil y en contraste con Argentina. Nuestros commodities se vieron beneficiados con la suba de precios al igual que toda la región. Pero el sector productivo industrial, salvo la construcción (influencia de Botnia), algo alimentación, no estuvo a la altura de lo prometido y esperado políticamente. Creo que tampoco lo podrá estar en un futuro. Mientras no se cambie de política cambiaria, para que ayude y sea parte de los sectores productivos, nuestra apertura al mundo es anárquica. Por ejemplo, Israel se abrió al mundo cuando su economía lo permitió, no antes. Primero surgió la alta tecnología, luego su penetración en los mercados, para que en esas condiciones la apertura sea un beneficio.

Una murga decía «como uruguayos está bien». Creo que seguimos vendiendo el 80% de nuestras exportaciones en productos primarios o semi primarios, la industrialización no tiene posibilidades debido a las condiciones internas nuestras.

En el mundo del conocimiento, de la ciencia y la tecnología en el cual vivimos, no nos sentimos integrados a esa globalización, no tenemos ni tuvimos formas serias de investigación y condiciones para desarrollar alta tecnología, temática de vanguardia en nuestro mundo que debemos comenzar a resolver.

Por otra parte la única inversión concreta de las papeleras es la de Botnia. Los demás proyectos son especulaciones todavía y Botnia es un proyecto con muy poco valor agregado, que es contrario a lo que el país necesita, aunque dicho emprendimiento es naturalmente un avance y algo positivo.

El Uruguay natural debe ser acompañado por un sistema cambiario diferente y una política de Estado en relación a la investigación y la tecnología, de lo contrario quedaremos como un país bananero y con un sector progresista dirigiéndolo.

El desafío latinoamericano no está en un TLC o no, sino en encontrar una planificación y una guía del Estado para desarrollar una política propia y no la trasmitida del Norte. No porque sea necesariamente desechable, sino porque debemos saber primero qué queremos, qué podemos construir con nuestras propias fuerzas y cuál es nuestra estrategia, para tener claro qué ventaja tenemos para poder ser una opción en el mundo, razonablemente planificada.

Podremos ser gigantes si tenemos un proyecto concreto. De lo contrario justificaremos en nuestra pequeñez lo que no pudimos siquiera intentar. El desafío ya comenzó y la izquierda debe estar a la altura de las circunstancias. *

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