Ante la indefensión reaparece la violencia

Martes 06 de febrero de 2007 | 3:10
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La irracional acción de los piquetes que cortan las rutas en Entre Ríos está teniendo una lamentable pero lógica contrapartida, la aparición esporádica de la violencia como respuesta a la acción ilegal pero consentida por el gobierno que se mantiene en las rutas a los puentes internacionales.

En el día de ayer, en la zona de Colón, un grupo de personas armadas con palos, hachas y todo tipo de elementos contundentes, actuó logrando levantar parcialmente el corte de rutas. Según las agencias informativas argentinas, se trató de un grupo de comerciantes argentinos perjudicados por la intempestiva medida sobre las rutas que mantienen los piquetes seudo ambientalistas, los cuales al no tener respaldo de los poderes constituidos de su país, luego de haber presentado reiterados recursos ante la Justicia sin ningún tipo de respuesta, resolvieron actuar por mano propia.

No es la primera vez que hechos parecidos ocurren en ese mismo paso fronterizo. Hace algún tiempo un grupo de camioneros, indignado también por la medida que perjudicaba su trabajo, resolvió pasar y lo hizo luego de protagonizar un hecho que podría haber terminado de mala manera. Los camioneros prendieron los motores de sus gigantescos vehículos y primero lentamente fueron empujando fuera de las rutas a quienes las cortaban para después, en una acelerada definitiva, chocar las sombrillas y reposeras de los piqueteros ambientalistas, que quedaron fuera de combate.

Lástima que la última reunión del Tribunal de La Haya fue tomada por los piqueteros como una sentencia que les dio la razón. Nunca en Holanda se dijo eso; los jueces sólo llegaron a la conclusión de que los cortes de los puentes no significan un daño irreversible para la construcción de la papelera.

Desecharon, como lo han hecho casi siempre, una medida cautelar. Todo lo demás es una equivocada deducción sin respaldo. La continuidad de los cortes ­y su agravamiento­ no hace más que dañar la posición argentina de fondo en cualquier escenario internacional y ello es algo que saben muy bien el presidente Néstor Kirchner, quien lo ha repetido incansablemente, y el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti.

El diálogo en marzo continuará entre los gobiernos, esquivando a los asambleístas y, también, a la propia empresa Botnia, que sigue exhibiendo criterios que demuestran que no le interesa tener la aceptación social para el emprendimiento pastero. Porque la empresa finlandesa ya ha dicho que no, antes de comenzar las conversaciones, a una serie de soluciones, como la de un desagüe lejano a Gualeguaychú, que tiene el objetivo político, fundamental, de que queden de lado todos los reparos existentes sobre la posible contaminación del río.

Es evidente, entonces, que en este marco, con los piquetes envalentonados y alentados por una equivocada valoración de la resolución última del Tribunal de La Haya, comiencen a acortarse en el tiempo los brotes de violencia e incluso se verifique una indignada reacción de un grupo de personas, en nuestro país, cuando se hacen presentes representantes ambientalistas argentinos, uniéndose a grupos minoritarios de aquí, para repudiar la instalación de las pasteras.

Desde estas páginas creemos que nuestro país está regido por la Constitución y las leyes y, en democracia, se debe admitir el disenso. Cerrarse a escuchar la argumentación ajena es un derecho de cada uno, pero otra cosa es impedir la expresión en base a la violencia.

De ninguna manera debemos admitir el piquete, sea del lado que sea. Pero también tenemos claro que prevenir los excesos y la violencia callejera es una actividad privativa de la Policía.

Sin embargo entendemos que en la zona de los cortes, al desaparecer para preservar el orden y mantener el imperio de la Ley, la Justicia y los organismos adecuados del Estado argentino, hechos como el ocurrido en Colón se reiterarán más asiduamente. *

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