Emilio Frugoni, una tesis doctoral y algunas puntualizaciones

Recientemente, el ex legislador Ariel Collazo publicó una nota en LA REPUBLICA destacando y recomendando la lectura de la tesis doctoral del historiador español Eduardo Rey Tristán, transformada en libro por una editorial de plaza. Se trata de una obra de enjundia, sin perjuicio de que de su lectura se recogen conceptos que pueden llevar a serios errores de interpretación. Ante alguno de ellos es indispensable hacer ciertas precisiones.

El autor de marras hace referencia a lo que llama «las renovaciones comunistas y socialistas», como punto inicial de la construcción de una «izquierda revolucionaria» en nuestro país. En ellas plantea cómo a partir de mediados de los 50 se van produciendo modificaciones que le van a ir dando un sesgo «revolucionario» a ambas colectividades históricas. A quien esto escribe le importa destacar algunos acontecimientos que hacen referencia a la figura de Emilio Frugoni. En tal sentido, en la pág. 68 del libro aludido, el autor centra su atención en breves líneas en la figura de Vivian Trías, a quien le atribuye el «(…) acoplamiento del nacionalismo popular y del marxismo, y la superación de la anterior trayectoria (la de Frugoni, acotamos nosotros) socialdemócrata vinculada al liberalismo». No hubiera sorprendido en los 60 y comienzos de los 70 una afirmación de tal magnitud. Es que cuando el Partido Socialista navegaba en una barca sin rumbo, optó por una definición marx-leninista ajena a la trayectoria de más de cincuenta años y en colisión con lo que el Partido proclama actualmente desde hace más de veinte. La línea «revolucionaria» había dejado su concepción «nacionalista» –y «foguista»– expresada en 1967 en la Conferencia de la Olas. En puridad, el largo y sinuoso proceso incubado por la «novel» dirigencia tenía que arrepentirse del desastre táctico e ideológico de la Unión Popular, de la proclamación de su voluntarismo guerrillero, para adoptar una línea marx-leninista, hermanándose con el comunismo. La Tesis de 1970 expresaban: «(…) Ya hemos dado suficientes elementos sobre la importancia fundamental que según la teoría científica del marxismo leninismo. tiene la forja del partido revolucionario (…) Nuestra organización social demócrata durante muchos años bajo la conducción de Frugoni, perfila desde la década de los 50, una concepción marxista leninista». Vaya coincidencia entre las afirmaciones del Dr. Rey y los supérstites de los «jóvenes» dirigentes transformados hoy en no tan jóvenes. El Dr. Rey fue informado de manera muy sesgada en las entrevistas que realizara para su tesis. Concepto éste, el de social demócrata de Frugoni que nadie cree; y que el insigne Carlos Quijano, desvirtuó ante esos mismos denostadores con su pluma magistral: «(…) Fue del alba a la noche y de los pies ala cabeza socialista (…) También él como el «Che», tenía una imagen esperanzada del «hombre nuevo», el hombre liberado por el socialismo. En su inmisericordiosa soledad, cuando la noche se echó sobre él, esta imagen no debió abandonarlo. Fue su compañera. Sí, el afán no había sido en vano; el sueño no había sido sólo sueño, cristal de agua roto por los cascos de corceles desbocados; las gritas y los ecos no acallarían a las voces. A diferencia de nuestro señor Don Quijote no invocó en su lecho de muerte, antes de entrar para siempre en la paz, a la cordura. ¿Cómo invocarla si su cruz había sido ser cuerdo cuando los más enloquecían, cuando los fantoches que le tocó apostrofar y combatir simulaban cordura para ocultar su vaciedad, disimular su estulticia, decorar sus tristes ambiciones? Nadie puede quitarle a Frugoni su honroso puesto en la historia del continente, en la historia del país, en la historia del socialismo».

En la pág. 69 abunda el historiador español: «(…) la renovación socialista (…) supuso el abandono de la postura pro norteamericana de Frugoni» (sic). Resulta doloroso hacia donde fue orientado el historiador español. Justamente aquellos que pudiendo y debiendo ser sus compañeros y discípulos, todavía hoy prefieren erigirse en sus enemigos y sepultarlo con interpretaciones perimidas. En primer lugar, Frugoni censuró con energía y acritud al imperialismo norteamericano a la vez que fue un defensor de la Revolución Cubana. Sobre estos tópicos expresó: «Yo no era marx-leninista antes de Fidel Castro y no tengo motivos para serlo después de él, pero una revolución, con sus aciertos y errores, es un todo, y esta revolución hay que aceptarla, incluso con el paredón, como se acepta por sus partidarios, la revolución francesa a pesar de la guillotina». Y en la polémica mantenida en 1963 con sus antiguos compañeros, reprocha el haber hecho un acuerdo con un sector reaccionario y herrerista, una de cuyas principales figuras era Victoria Soarez de Lima, a la que denuncia por haber participado en una manifestación de silencio en contra de Fidel Castro. Se le ha ocultado también, lo que se aprobó en la «Declaración de Principios» emergente de la fundación del Movimiento Socialista en la ciudad de Salto el 1º de mayo de 1963. «La explotación de unas naciones por otras es un crimen de lesa humanidad (…) Habitamos un continente incluido en el área del más vasto y poderoso imperio que ha conocido la historia. Relaciones de dependencia económica y hasta de mal disimulada sujeción política, mantienen a América Latina condenada al monocultivo y al estancamiento (…) El Uruguay participa de todas las carencias y malformaciones de Latinoamérica, obra de la acción combinada de la explotación imperialista y de las oligarquías criollas», Y ante el comparecimiento en los comicios de 1966, expresó Frugoni: «Obra del imperialismo económico del que somos dependientes, nuestro nivel de vida y el hambre aumenta en la medida en que crece nuestra aplastante deuda externa y sus intereses leoninos, nuestros países pobre y endeudados pierden soberanía económica y política y permanecen divididos».

Son estas algunas precisiones indispensables, a cuenta de mayor cantidad si las circunstancias lo requieren. Llama la atención que a esta altura de las enseñanzas que la Historia registra, haya quienes persistan en discutir con los monumentos. *

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