Los 50 años de El Popular
El 1º de febrero de 1957 vio la luz la primera edición del diario «El Popular», que vivió hasta su clausura definitiva por la dictadura tras el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. En esos tres lustros largos sufrió diversas clausuras, más o menos prolongadas, y períodos de censura, junto a otras publicaciones que defendían la causa de la democracia frente a los embates del pachequismo y sus medidas de pronta seguridad a permanencia. Un grupo de trabajadores de aquellos años en las distintas secciones del diario (periodistas, gráficos y de administración) tuvieron la iniciativa de colocar una placa al frente del viejo local de Justicia 1982 esquina Lima, lo que tendrá lugar el jueves 1º de febrero a la hora 12, en los 50 años exactos de aquel acontecimiento. Están todos invitados.
Quienes participamos desde el primer día en el periódico (y aun en pequeñas publicaciones diarias que lo precedieron), como el recordado compañero Ismael Weinberger, evocamos de modo especial, entre el profuso anecdotario acumulado, precisamente el día inicial, signado por una mezcla de ansias y de caos, de buena voluntad, tremenda desorganización e inexperiencia. En realidad la fecha señalada para la aparición era el 25 de enero. Peor elegida, imposible. Ese día se concentraron en la casona, una antigua pensión, toda la plana mayor partidaria, empezando por Rodney Arismendi, y una cantidad de militantes, con el ánimo de ayudar pero que en realidad impedían circular en el estrecho local. Después de muchas vicisitudes se armaron las primeras ramas en el taller del fondo. Pero cuando después de las cuatro de la madrugada, con enorme retraso, el también recordado Guillermo Israel apretó el botón de la rotativa (un armatoste vetusto y noble que venía de Acción y le habíamos comprado a Luis Batlle)…no funcionó. Insistió, y no hubo caso. A esa hora, muertos de sueño y de angustia, sólo atinamos a publicar un comunicado explicativo en La Tribuna (que salía a mediodía) y a irnos a dormir, no sin antes citarnos a una reunión a las dos de la tarde. El ambiente era lúgubre. El maestro Jesualdo, que había participado en todas las labores de preparación y al que le habían ofrecido la codirección, leyó un par de cuartillas en las que describió, con lenguaje punzante e impiadoso, sin ahorrar detalles, el desastre de aquella jornada. Tras la sorpresa inicial, estalló una carcajada que hizo temblar las paredes. Nos reímos de nuestras chapucerías, resolvimos ajustar las clavijas y salir de verdad una semana después, el 1º de febrero. Esa es la fecha que ahora recordaremos. Y desde ahí no paramos hasta el golpe de Estado. Salvo las numerosas clausuras y actos de censura, como señalamos. Incluso durante la gran huelga en las empresas periodísticas desde julio de 1967 y que duró 114 días, por salarios, contra los despidos y la persecución sindical, fuimos el único diario en la calle, con autorización gremial, porque hacíamos causa común con los huelguistas y, además, editábamos en nuestros talleres (a esa altura ya estábamos en el edificio Lapido, en 18 y Río Branco) el diario Verdad del Comité Coordinador de la Industria Periodística, integrado por los periodistas, gráficos y canillitas. Recuerdo los artículos que allí se publicaron a la muerte del Ché.
«El Popular» nació por decisión de la dirección del PCU en su XVI Congreso de setiembre de 1955, que implicó una profunda renovación interior y se proyectó en forma muy acentuada en la vida política y social del país, sobre todo porque una de sus orientaciones fundamentales de labor consistía en desplegar los máximos esfuerzos por la unidad sin exclusiones del conjunto de las fuerzas de izquierda y por la unidad del pueblo. Precisamente esta directiva vertebró toda la prédica de «El Popular», que siguió paso a paso todo el proceso, en sus diferentes etapas y avatares múltiples, hasta su culminación con la fundación del Frente Amplio el 5 de febrero de 1971. En sus páginas quedó registrada toda esa historia, en sus vaivenes organizativos y políticos y también en el terreno de la lucha ideológica, unida a la lucha de las organizaciones sindicales y sociales del país. Por sus páginas desfilaron además la revolución cubana, la trayectoria del Ché y su presencia en Uruguay, el golpe de Estado en Brasil, la gesta de Vietnam, la lucha por la paz mundial. Otro tanto cabe decir de la revista Estudios, que comenzó a editarse un año antes y continuó sin interrupción hasta el golpe de estado, para continuar su trayectoria durante los años del exilio y posteriormente, bajo la dirección de Arismendi.
Todo ese riquísimo material está recogido en edición digital por obra de la fundación que lleva su nombre.
El ciclo de «El Popular» se cierra con el golpe de Estado. Esa noche estuve en la sesión del Senado y en la mañana del mismo 27 de junio debí concurrir al Ministerio del Interior como redactor responsable a notificarme de parte de Bolentini del antológico decreto que «prohíbe atribuir intenciones dictatoriales al Poder Ejecutivo» (después supe que era copia del de Terra en ocasión del golpe de 1933). En los días de la huelga general el fotógrafo Aurelio González y otros compañeros recorrimos las fábricas ocupadas y centros de estudio diciendo de viva voz lo que no podíamos difundir por escrito. Está circulando un video en el que Aurelio narra estas historias (y otras) de modo insuperable. El diario se situó en el centro, incluso geográficamente, de la magnífica manifestación de 9 de julio contra el golpe de Estado, que registramos desde el segundo piso. Esa noche irrumpieron en la redacción las fuerzas conjuntas armadas a guerra, con máscaras antigás, arrancaron la puerta giratoria de 18 y Río Branco, destrozaron el archivo de la planta baja, las máquinas de escribir y el mobiliario, dejaron una guardia permanente en la rotativa del subsuelo y a los golpes nos llevaron a (casi) todos presos a la Jefatura y después al Cilindro. Pero ésa es otra historia.
Ahora que se debate la introducción en la enseñanza de la historia contemporánea de nuestro país, es bueno tener presente que en esos 16 años y medio de «El Popular» se encuentra atesorada una base documental de primera mano. Contada por sus protagonistas en el campo político, sindical y social, es historia viva de un período de importancia extraordinaria, que se proyecta a la realidad actual. *
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