Sobre la desaparición en Piriápolis

Existen evidencias que nos llevan a pensar en deficiencias más que notorias en las posibilidades de investigación de la Justicia y de los organismos especializados de nuestra Policía, que por más que se han esforzado de manera evidente no tienen datos precisos sobre la joven Natalia Martínez, desaparecida hace once días en el balneario Piriápolis, a la salida de un conocido centro nocturno al que concurren centenares de personas.

Parecería que sólo por algún dato obtenido de parte de informantes que se avengan a hablar o por razones totalmente fortuitas se resolverá un caso que ha conmocionado de manera brutal al país en su conjunto y que es seguido día a día con preocupación por todos los padres de familia que con temor se sienten inseguros para abrir los grifos de la libertad a sus hijos adolescentes.

Porque, además, en torno a la desaparición de esta joven han trascendido versiones casi alucinantes de todo tipo que dan cuenta de cómo se comercializa la droga en la zona balnearia, la que al parecer no se entrega en lugares de diversión nocturnos sino, generalmente, fuera de ellos, en vehículos que merodean. A ellos se llega luego de que los clientes son «marcados» por personas vinculadas a los propios lugares de diversión.

Una tarea, según esas versiones, que todos saben que existe y, por supuesto, que también la Policía conoce, pero que no es reprimida como se debiera, haciéndose la vista gorda a una actividad ilegal por la cual algunos empresarios logran en las temporadas pingües ganancias lesionando la salud física y mental de muchos de nuestros jóvenes y no tan jóvenes.

Para esa existencia del submundo de la droga es necesaria la complicidad activa de muchos. Nos gustaría conocer algún análisis de la Junta de la Droga sobre lo que está ocurriendo en varios balnearios del Este donde el consumo de estupefacientes y otro tipo de drogas es más que evidente. Y, además, sería adecuado establecer qué políticas se ponen en marcha para evitar ese flagelo que provoca males, muchos de ellos irreparables.

Una de las líneas de investigación que existen en torno al tema de Natalia tiene que ver con el consumo de drogas. No de la misma implicada en la desaparición, a quien sus amigas sindican como no consumidora. Pero, bien sabe la Policía que el submundo de la noche balnearia, lamentablemente, está enmarcado por el consumo de drogas y alcohol, ello, por supuesto, con todo lo que tiene en el primer caso en su vinculación con los canales de distribución, los grandes traficantes, las complicidades mayúsculas y pequeñas, los mecanismos con que se opera, el desenfreno resultante, etcétera.

Es de esperar que este camino esté siendo analizado por la Policía y se actúe con inteligencia y sagacidad, dejando de lado métodos como los utilizados con los tres pescadores de Piriápolis, a quienes, por la incapacidad de los agentes para obtener información por otros conductos técnicos, se «trató» de manera insólita en la comisaría de Piriápolis.

Esa incapacidad policial, que no sólo es privativa del Departamento de Maldonado, se debe fundamentalmente a la falta de preparación de los funcionarios, la carencia de elementos técnicos, culturales y de experiencia investigativa y, por supuesto, a una actitud corporativa de la propia institución que, generalmente, trata de «arreglar» con declaraciones que nadie cree las transgresiones que ocurren dentro de los recintos policiales.

Sabemos que el Ministerio del Interior está tratando de revertir toda esta problemática, intentando tecnificar a la Policía, pero ésa es una tarea ciclópea, por los recursos que son necesarios, por los niveles culturales básicos que se requieren para que las prédicas no sigan cayendo en el vacío y, finalmente, para que todo redunde en que la gente crea en la institución que, en la actual situación, no puede avanzar en el concepto ciudadano.

No en vano muchos prefieren escuchar los «consejos» de mentalistas y adivinos, lo que es una demostración más del nivel cultural imperante pero también de la inoperancia policial en torno a algunos asuntos. Señores que siguen armando historias de acuerdo a su real entender.

Porque saber, no saben nada. *

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