La hora de la política
Más de un columnista ha sostenido que llegó la hora de la política. Que se deben abandonar los vericuetos jurídicos planteados en torno al conflicto pastero e iniciar, a fondo, una seria acción política destinada a destrabar una situación que, de acuerdo a los últimas declaraciones de los piqueteros entrerrianos, ya pasa de castaño a oscuro.
Estos ahora plantean que los argentinos que han viajado a Uruguay a fin de pasar sus vacaciones, no podrán regresar a su país en el tiempo esperado, que tendrán largas demoras, porque el 31 de enero el corte será total en los tres puentes.
Quizás este sea un tema reiterado, pero realmente nos sorprende y preocupa que el gobierno argentino siga asistiendo impasible, sin adoptar ninguna medida, a esta grave violación del Tratado de Asunción que ahora apunta a perjudicar a ciudadanos argentinos por haber decidido, quizás por haberlo hecho siempre, veranear en Uruguay.
Claro, los cortes de ruta recibieron en alguna medida el espaldarazo del Tribunal de La Haya, que resolvió declarar su incompetencia en el tema al no haberse producido daños irreparables en las obras de Botnia, las que siguieron adelante sin tropiezos. Por ello, por la infecundidad del camino legal a que reiteradamente ha recurrido Uruguay, nos preguntamos, sino no hay que dar espacio a los negociadores, que en el campo de la política pueden lograr objetivos que quizás no se puedan alcanzar de otro modo.
De acuerdo a los últimos trascendidos, a partir de la próxima semana el gobierno se introducirá en un nuevo escenario, pues llega al país el «facilitador» Juan Antonio Yáñez, que al parecer viene ya con «trabajo hecho» con el gobierno de Finlandia y la propia empresa Botnia, No sabemos cuáles son los términos reales de la propuesta que se realizará y, lo más importante, qué intereses tocará y cuáles lesionará.
Pero más allá de ello, es evidente, que se abre una etapa de conversaciones, muy importante, en las que nuestro gobierno no puede estar prescindente, manteniendo la premisa de que mientras existan cortes de rutas, dialoga pero no negocia.
Sin embargo en canciller Reinaldo Gargano, en declaraciones hechas a LA REPUBLICA, manifestó que Uruguay está dispuesto a «dejar abiertas todas las puertas y no cerrar ninguna».
La afirmación es clara y terminante. Uruguay está dispuesto a llegar en lo inmediato a acuerdos para terminar con el absurdo conflicto que tuvo su inicio en la acción piquetera y no en una supuesta violación del Tratado del Río Uruguay, pues en primer lugar se trata de una planta que no contaminará y en segundo lugar, si hubieron deficiencias en el trámite ante la Caru, el mismo quedó zanjado oportunamente en un acuerdo entre los cancilleres Opertti y Bielza, que fuera incluso informado al Parlamento argentino.
Hasta aquí una puesta al día de la difícil situación fronteriza que tendrá la semana próxima, una muy intensa etapa de diálogo y negociación. Es de esperar que no surjan problemas accesorios, que los caminos hacia la solución no se bifurquen y que los negociadores no encuentren obstáculos nuevos en el marco de esa moda tan siglo XXI, que determina que cuando la discusión política se pone difícil, se recurre a la instancia judicial.
Una instancia, por otra parte, que no le sirvió a ninguno de los países. Porque los 14 a 1 de Uruguay y Argentina, en distintos temas, no lograron despejar ningún panorama. Como tampoco ocurrió nada nuevo cuando el Tribunal de Controversias del Mercosur determinó que los cortes de ruta violentaban flagrantemente el Tratado de Asunción. *
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