Hrant Dink: otro periodista asesinado
Otro grave golpe a la libertad de expresión en el mundo se verificó con el asesinato del periodista de origen armenio Hrant Dink en Turquía, un militante por los derechos humanos y denunciante del genocidio que determinó la muerte de un millón y medio de armenios, en una de las catástrofes humanitarias mayores del siglo pasado.
Dink era conocido por sus críticas al gobierno y sus investigaciones y opiniones acerca del genocidio armenio. La autoría del crimen fue asumida por un joven ultranacionalista pero no puede decirse, lamentablemente, que se trate de un ataque aislado.
Condenar el genocidio cometido contra el pueblo armenio, o tan sólo reconocer que el mismo existió puede merecer una condena de cárcel en aquel país en donde se trata de oscurecer la verdad histórica.
El sentimiento nacionalista, además, está extendido en la población turca y se confunde con una persistente negativa a reconocer un trágico momento de su historia en pleno siglo XX.
El periodista asesinado era de origen armenio y formaba parte de una nueva generación de intelectuales que, como el escritor y Premio Nobel Orhan Pamuk, se atreve a plantear el tema del genocidio públicamente y manifestar sus críticas al Estado turco.
Sus trabajos periodísticos en el periódico Ago, que dirigía, hacían permanente alusión a las masacres sufridas por los armenios entre 1915 y 1923 y le valieron una persecución y condena judicial ante los tribunales.
Como ocurriera con la periodista rusa Anna Politkóvskaya, asesinada en Moscú en octubre pasado, Dink se ha transformado ahora en otro mártir de una lucha por la verdad histórica, la libertad de expresión y los derechos humanos.
Es otro crimen brutal que muestra la responsabilidad de los Estados en combatir la intolerancia y evitar que el dañino virus del fanatismo, cualquiera fueran sus razones, se propague en las sociedades con abierta o encubierta impunidad. La colectividad armenia del Uruguay se ha movilizado, rechazando con horror esta acción asesina, que no sólo afecta a un armenio, sino que tomó como blanco a un periodista, a un difusor de ideas, a un intelectual, lo que hace la agresión sangrienta doblemente grave.
El periodista de origen armenio Hrant Dink, asesinado en Turquía, se ha transformado ahora en otro mártir de una lucha por la verdad histórica, la libertad de expresión y los derechos humanos que no puede detenerse. Esperemos que este hecho, que ha conmocionado al mundo, sirva para aplacar los sectarismos nacionalistas, mitigar las tensiones y que la comprensión entre los pueblos comience a ser impulsada desde los propios gobiernos.
Pero, por supuesto. Ello no es posible si no resplandece para todos la verdad histórica. *
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