Un reclamo de argentinos y uruguayos
De acuerdo a insistentes versiones, el embajador Juan Antonio Yáñez, encargado por el Rey Juan Carlos de Borbón para tratar de encontrar un camino de solución al diferendo entre Argentina y Uruguay, llega al Río de la Plata con una propuesta que tendría el aval de la casa matriz de la empresa Botnia.
De confirmarse la información se comenzarían a aventar algunas dificultades, porque es evidente que si el planteo del «facilitador» ya ha sorteado el escollo de la empresa, los gobiernos seguramente se avendrán a poner fin a un litigio insólitamente largo y de una virulencia inédita que, lamentablemente, ha deteriorado el relacionamiento tradicional de los dos gobiernos.
Suponemos que el planteo del embajador Yáñez se orientará proponiendo que la salida del agua residual de la planta de Botnia se realice a varios kilómetros de la zona de Gualeguaychú, pese a lo cual debemos recordar que la ciudad entrerriana se encuentra a 40 kilómetros del emprendimiento pastero y que el balneario más cercano está a 9 kilómetros. Es evidente que esa idea, que se ha manejado insistentemente pese a que la información no ha salido de fuentes oficiales, es plausible, porque no entra en la cabeza de nadie, y el propio gobierno argentino lo sabe, y sería descomedido y absurdo plantear el extremo del traslado de la propia planta pastera como reclaman los piqueteros ecologistas que siguen cortando las rutas. El cambio del lugar del desagüe, que sería 30 kilómetros río abajo, se realiza con el fin de lograr la «autorización social» al emprendimiento.
Sin embargo, hay un tema de fondo vinculado a la disputa misma que tiene vinculación con las actitudes de los dos gobiernos, una separación inédita e históricamente insólita, cuyas heridas deberán ser restañadas lo más rápido posible. Y para ello es necesario que el gobierno argentino recapacite sobre lo que significa para Uruguay seguir sufriendo la inaudita agresión de los piqueteros «ecologistas» que ahora, luego de la resolución de la Corte de La Haya, se sienten «dueños y señores» de las rutas de Entre Ríos y anuncian un bloqueo total a Uruguay.
A nuestro gobierno le asiste razón y ha anunciado, por boca del canciller Reinaldo Gargano, estar dispuesto a dialogar pero no a negociar mientras se mantengan los cortes de rutas. Es que, es evidente que no se puede negociar bajo una presión inaudita, ante esa agresión que está determinando que cientos o miles de trabajadores uruguayos y también argentinos vean reducidos sus ingresos como consecuencia de la desaparición de las actividades en la frontera y que también, obviamente, se redujera el número de turistas argentinos que ingresan al país. La medida de los piqueteros de Entre Ríos, en este caso, está dirigida contra la clase media argentina, perjudicando a aquellas familias que viajaban a Uruguay en automóvil con el fin de pasar sus vacaciones en nuestra zona balnearia. Porque, obviamente, quienes tienen más recursos, buscaron otros caminos e igualmente llegaron a nuestras cosas determinando que la temporada sea alentadora.
Las esperanzas de nuestro gobierno estaban puestas en la posible medida cautelar que adoptaría el Tribunal de La Haya, lo que no se concretó, en lo que creemos fue una valoración inadecuada de lo que está ocurriendo en la zona fronteriza en donde, obviamente, se están produciendo perjuicios que son irreparables. Porque lo son que las personas se queden sin fuentes laborables, que se impida el tránsito de personas y mercadería, que se reduzca el comercio y que, además, se vulnere un relacionamiento amistoso entre dos pueblos, el que se pierde en la historia.
Quizás esos elementos no son suficientes para los jueces del Tribunal, que necesitan «perjuicios» más graves. Pero, ¿por qué no prever contingencias, por qué no entender que por el camino emprendido por los piqueteros, una frustración los puede llevar a acciones irracionales? Por ello la llegada del embajador Juan Antonio Yánez es importante y debe tratarse, por todos los medios de vehiculizar acuerdos para lograr una solución definitiva al gravísimo diferendo. Esa es una necesidad que reclaman mayoritariamente los dos pueblos. *
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