Globalización y marginación social

Alicia Topolanski

on referencia al editorial del diario El Observador del 1º de octubre, deseo hacer algunos comentarios ya que el tema de los «niños de asentamientos» es recurrente y no por ello atendido a nivel nacional o mundial, como creo se merece.

Hay riesgos e incertidumbres que nos afectan a todos, no importa en qué rincón del mundo «globalizado» vivamos, ni lo privilegiados o marginados que podamos ser. La famila tradicional está amenazada muy seriamente, está cambiando (es una realidad), y cualquiera de nosotros que tenga hijos o nietos jóvenes y adolescentes sabe muy bien que esto es así.

Hay una vieja maldición china que dice: ojalá a tu hijo le toque vivir una época de transición. Estamos viviendo un momento así, lo que por sí sólo no es ni bueno ni malo, aunque muy difícil. Nos vemos propulsados a un orden global que no se comprende, pero cuyos efectos a nivel familiar se sienten. La globalización es política, tecnológica y cultural, además de económica, y muy influida por los modernos sistemas de comunicación.

Se comprueba que el sistema familiar tradicional está en transformación, que está tenso. Aquellos valores que creíamos firmes, o se olvidan o se han convertido en light, tan livianos que no tienen peso en la familia. La globalización ha creado mundialmente un orbe de ganadores y perdedores, con una mayoría «excluida» condenada a la miseria y a la desesperación, lo cual significa riesgos y peligros en vez de enemigos. La familia, el trabajo, la tradición, hasta la misma naturaleza, sienten los cambios.

Creo que la preocupación social más importante hoy en nuestro país es la de los niños de los asentamientos, marginados socialmente hasta de su participación en la formación escolar. La realidad indica que falta trabajo, y por eso aumentan los asentamientos. Se conoce la cifra de menores que están fuera del sistema tradicional familiar, sistema actual monoparental, la mayoría de las veces con madres solas como jefas de hogar. Pensemos qué sucederá dentro de 20 años, cuando según las cifras conocidas casi la mitad de la población infantil –que hoy vive en hogares fuertemente carenciados– serán adultos. ¿Qué formación habrán recibido? ¿Escolar, liceal, técnica? Además de las carencias sociales, hay que pensar seriamente en las carencias alimentarias, que también dejarán su grave secuela.

Quiere decir que hoy, ya, deberíamos atender a todos esos niños para tratar de mejorar lo que será el futuro de unos varios cientos de miles de uruguayos que serán ciudadanos de origen carenciado en todo sentido, y no por culpa de ellos ni por deseo de sus padres, sino porque la sociedad global de hoy ha globalizado la miseria, el desempleo y la falta de valores. No podemos esperar 20 años para ponernos a pensar. El problema ya existe, busquemos soluciones que ayuden a salir a esas familias del pozo a que han sido arrastradas.

Reflexionemos: «Todas las flores de todos los mañanas están en las semillas de hoy…», palabras del padre Luis Pérez Aguirre en Meditaciones Cortitas.

 

* Escritora

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