Una alternativa al capitalismo salvaje

Tal como se ha venido informando, hoy se cierra el XIII Foro de San Pablo, que comenzó sus sesiones el viernes 12 en San Salvador.

El Foro ha sido una de las formas de enfrentar la ideología nefasta del «pensamiento único» del neoliberalismo, una doctrina que pretendió inhibir todo pensamiento crítico o contestatario con el argumento de que la realidad se imponía a cualquier intento cuestionador y que era menester someterse a ella con espíritu pragmático. Toda iniciativa, toda propuesta, todo proyecto que pudiera eventualmente configurar una amenaza a esa realidad funcional a los intereses de las clases dominantes y del poder económico mundial, era sistemáticamente catalogada de utópica y condenada unánimemente por su «falta de realismo».

Hoy, a 17 años del primer encuentro del Foro de San Pablo, la realidad latinoamericana ha demostrado lo contrario. Cierto es que ninguno de los gobiernos de izquierda –o progresistas– establecidos en América Latina ha adoptado medidas tendientes a abandonar el sistema económico capitalista y seguir un rumbo hacia un modelo socialista. Entre otras razones porque la coyuntura internacional no es la más propicia para un cambio estructural tan profundo. Pero es innegable que los partidos de izquierda que han accedido al gobierno en 12 países latinoamericanos han impreso un vuelco importante en el rumbo seguido por los partidos conservadores que antes habían gobernado.

En primer lugar, han demostrado una muy especial sensibilidad por la tragedia social causada por un modelo económico profundamente injusto. Para ello, han desarrollado, con mayor o menor éxito, políticas asistenciales para rescatar de la miseria y la exclusión a las víctimas más vulnerables del sistema. Pero al mismo tiempo, todos esos gobiernos progresistas, en mayor o menor grado, han diseñado políticas de empleo y han tratado de corregir y elevar los escandalosamente bajos niveles salariales, al tiempo que han revertido las tendencias desreguladoras de las relaciones laborales fortaleciendo la actividad sindical.

Ninguna de estas medidas puede razonablemente catalogarse de revolucionaria. Pero significan un viraje incuestionable en el camino trazado por el libremercadismo. Como ha dicho Medardo González, coordinador del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional del país anfitrión, «la realidad demostró que el neoliberalismo fue y es empobrecedor para las mayorías y sólo alimentó la riqueza para unos pocos».

Los debates de este XIII Encuentro del Foro de San Pablo se han centrado en la búsqueda de alternativas posibles al neoliberalismo y en el impulso a un modelo de integración más solidario. Hay consenso en que la lucha por los cambios no debe cesar y que para ello es preciso fortalecer el movimiento social reivindicativo. Asimismo, hay conciencia de la necesidad de ampliar las políticas sociales públicas que puedan incluir nuevos derechos para la población. Estas iniciativas y esa apelación a crear un modelo económico alternativo más justo y solidario van a chocar, inevitablemente, con los intereses del poder económico mundial, con las transnacionales y con sus personeros ubicados en los gobiernos conservadores.

De lo que se trata –aunque pueda parecer una misión imposible– es de empezar a imprimir un rostro más humano a la economía sin romper con el sistema capitalista. Abandonar los aspectos más irritantes de ese «capitalismo salvaje», de modo de mitigar sus efectos más inhumanos, mientras se buscan modelos alternativos. *

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