Son momentos de grandeza
La construcción de una fuerza alternativa a los partidos tradicionales costó sangre, sudor, lágrimas, y también una cuota muy importante de inteligencia.
Hoy estamos en el gobierno, aplicando el programa de cambios que estableció el Frente Amplio. Frente a nosotros, por su propia y única voluntad, los dirigentes de los partidos tradicionales han resuelto no darle paz al nuevo país que está naciendo.
Es cierto también que la oposición molesta, que muchas veces recurre a la zancadilla por la zancadilla, pero eso no debe alarmar a un gobierno democrático y progresista. Es que los opositores están en su juego y lo mejor para nosotros es que juegan mal, despeinándose sus cabellos engominados.
El gran prestigio que tiene el gobierno nacional y los ocho intendentes progresistas hace que el ejercicio democrático de la oposición se parezca a una parodia, en la que los parodistas muestran sus cualidades de simuladores. La gente los ve, los escucha, disfruta por un rato y después se olvida de ellos.
Esta situación de éxito de la izquierda en el gobierno ha llevado a que algunos compañeros sientan, muchas veces sin darse cuenta, que la cuestión de ganar el gobierno y realizar las transformaciones que los uruguayos reclaman, es un simple paseo por un parque.
Eso ha llevado a que muchos crean –lo han creído demasiado rápidamente– que el nuevo campo político es eterno y que por ello hay espacio para los apetitos políticos personales, para la picardía de último momento con la intención de participar en política como si ésta fuera una escalera por la que siempre hay que ascender.
El cambio progresista que se está procesando con solidez y en todas las áreas de la sociedad requiere de una amplia participación ciudadana, de líderes sólidos y fieles a la gente y al programa, con fuertes disciplinas internas, donde la unidad en la diversidad sea una realidad tangible y visible para la gente.
Si nos quedamos sólo en la unidad podemos caer en el desprecio por la minoría. Pero la diversidad sin unidad es el caos, la dispersión, el debilitamiento de la fuerza política y del gobierno progresista.
Es mucho más cómodo decir que uno es libre de decir y de votar lo que quiera, porque eso puede caer bien en un sector del auditorio, porque hay gente que puede pensar que sacar al país de la ruina dándole un rumbo progresista, es una tarea sencilla.
Desde la Alianza Progresista, tanto en Maldonado como en todo el país, hemos buscado siempre los acuerdos, el diálogo y los entendimientos. Nos sentimos cómodos practicando ese desafío democrático. Pero también nos sentimos muy cómodos cuando llega el momento de resolver, de votar y de acatar las resoluciones mayoritarias, aunque en ese debate hayamos quedado en minoría.
Somos gente que se siente orgullosa de pertenecer a una fuerza política que venció el terrorismo de Estado, que supo ganarle al proyecto político blanco y colorado montado durante décadas, negador de las transformaciones y de las nuevas ideas. Pero mucho más orgullosos estamos de que nos haya tocado en Maldonado la responsabilidad de acompañar al intendente Oscar De los Santos, durante el primer gobierno progresista fernandino.
Como somos gente de carne y hueso, como todos, podemos cometer errores, pero no estamos dispuestos a que esos errores –si es que existen– sean utilizados con el pobre intento de poner en duda la calidad moral de nuestros compañeros, que no necesitan de nuestra defensa porque tienen la fuerza de su conducta, tanto en el pasado como en el presente.
El Frente Amplio es la mayor construcción política, cultural y social del pueblo uruguayo, después de la gesta artiguista. No es un simple club de amigos, ni es parte de una corporación con fines espurios. De ninguna manera podemos aceptar que la vida interna de nuestra colectividad política se transforme en la tapa de una revista en la cual lo predominante sea la frivolidad.
En nuestras filas hay sueños, dolores, victorias, derrotas, duelos y esperanzas. Por ello estamos dispuestos a hacer todos los esfuerzos para canalizar el debate interno por la vía de la inteligencia, sin calificativos ni agravios. Dispuestos, además, a acatar en la situación que sea lo que resuelva la mayoría de los frenteamplistas.
La política no es ni debe ser una cuestión de cargos, porque eso sería despreciar al ciudadano que es la célula madre de la democracia. Pero cuando esos cargos se tienen, crece la responsabilidad ante la sociedad, porque no hay transformaciones sin contar con el gobierno.
Hoy en Maldonado el gobierno es del Frente Amplio, de los fernandinos: no hagamos lo imposible para lastimarlo. Son momentos de grandeza. *
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