Primer deseo
Ayer hablaba yo de la esperanza.
Hoy, algo que admito vulgar me obliga a expresar mi primer deseo de 2007, precisamente con la terca esperanza de que se cumpla.
Antes quiero exponer ciertas preguntas y sus respuestas.
¿Es posible probar científicamente el diluvio universal? Sí. Hay señales de una enorme inundación, de desastrosas consecuencias, en el valle del Tigris y el Eufrates hacia el año 2800 antes de Cristo.
¿Es posible hallar señales de agricultura y viviendas de miles de años de antigüedad? Sí. Mediante el uso de técnicas de datación basadas en el carbono 14, se encontraron huellas de ese tipo, de 9.000 años antes de Cristo, en el emplazamiento de la ciudad de Jericó.
¿Es posible que algún organismo subsista en la Tierra sin consumir oxígeno? Sí. Las bacterias anaerobias en griego, «sin aire» que existen sólo en grietas y recodos del medio ambiente.
¿Es posible que en este mismo momento se estén formando nuevas estrellas? Sí. Bock demostró que hay vastas nubes de polvo y gas y, dentro de ellas, unos puntos negros y redondos: son estrellas en proceso de condensación y formación, cuyos núcleos están calentando para iniciar la fusión del hidrógeno y, por tanto, no brillan todavía.
¿Es posible que el hombre llegue a vivir en la Luna? Sí. Se está trabajando para crear las condiciones necesarias y algunos, tal vez excesivamente optimistas, ya están vendiendo desde excursiones hasta terrenitos y tiempos compartidos.
Ahora bien, si todo esto ha sido posible, ¿cuál es la extraordinaria, incomprensible, tal vez teológica razón que impide a los semáforos de 8 de Octubre funcionar con la coordinación que hasta una sociedad de prehomínidos requeriría?
Es mi deseo que esos semáforos funcionen evitando que los vehículos rueden una cuadra y deban detenerse, sin solución de continuidad.
Como mi esperanza vive, espero que alguien remueva los obstáculos que se oponen a que yo sea un poco más feliz. Y contribuya a bajar el gasto de combustible. *
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