Más allá de las cifras

Cincuentón el hombre, durante muchos años golpeaba la puerta de mi casa, generalmente de nochecita. Vendía de todo: curitas, palillos de ropa, esponjitas, etcétera. Había algo en su pinta que lo distinguía. Cierto decoro que lo hacía merecedor de confianza. Hace apenas unas horas volvió loco de contento. «Quizá sea la última vez que los visite. Salí sorteado para un trabajo en el Plan de Emergencia del Mides», nos dijo. Nos contagió su alegría. No era para menos.

La joven mujer tenía su lugar en los alrededores del Palacio Legislativo. Todo le venía bien. No le hacía asco a nada. Días atrás la encontraron vendiendo. Ya no pedía más. Ahora intercambiaba servicios. Seguramente se sentiría más libre y digna.

Ejemplos como éstos comienzan a repetirse en nuestro Montevideo. No sé cuán generalizado será. Pero que los hay, los hay.

Bienvenida la baja del desempleo a menos de un dígito o la paulatina recuperación de las pasividades. Noticias que demuestran que a nivel de las grandes decisiones políticas, económicas y sociolaborales del país, las bases están echadas para seguir paulatinamente por la senda de su recuperación. Pero ¿qué pasa con la vida concreta de la gente más allá de los números y estadísticas? Porque detrás de cada porcentaje hay personas. ¿Cómo ven? ¿Cómo se comportan con las cosas más elementales de la vida diaria? ¿En qué piensan? Los dos casos precedentes nos dan una pista.

Hoy día, en que el trabajo se ha convertido en un bien escaso, estos hechos demuestran que cuando hace unos 20 días el Ministerio de Educación y Cultura, Anep y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social firmaban un convenio para la enseñanza de los principios fundamentales del Trabajo Digno y la importancia de la centralidad del trabajo en cualquier sociedad, habían dado en el clavo. ¡Si será importante el trabajo para cualquier hombre o mujer! Porque por más que el Estado preste asistencia a los que nada tienen, y que muchas veces no se hacen sentir por falta de herramientas para quejarse, los ejemplos mencionados nos tornan optimistas en cuanto al futuro. ¡Qué dignidad y fortaleza en definitiva, de ambos personajes!

Por supuesto que estas personas, como muchas otras en situación similar, no dejarán, por ahora, de formar parte de ese 27% de uruguayos que aún están sumergidos en la pobreza. Tendrán que seguir «corriendo la liebre» porque tampoco han logrado soluciones permanentes. A pesar de la mejoría, seguirán luchando día a día para lograr sus objetivos más inmediatos, comer, vivir, llegar a fin de mes con dignidad, y que para muchos de los que tienen cubiertas sus necesidades, el otro 73% de la sociedad, no tienen nombre y apellido ni figuran en las crónicas de la prensa diaria. Son nada más que cifras, porcentajes. Personajes como los referidos, con esa dignidad, firmeza y solidez de vida, permiten seguir creyendo en el camino que se está recorriendo. Recordemos que al comienzo de este gobierno el índice de pobreza era del 33%. ¿Insuficiente, lento? Sin duda. Pero se está en la senda de la recuperación. La pobreza no es hereditaria sino reversible.

Los graffiti son muchas veces herramientas de aquellos que no tienen otra forma de expresión. Una ciudad sin ellos es sospechosa de autorrepresión, ocultamiento. Cuenta Galeano que había visto escrito en sendas paredes estas frases: «Mojarra viejo: no se puede vivir con miedo toda la vida». Y a continuación: «¿Y si entre todos le damos una patada a esta gran burbuja gris?». Escrituras que bien merecerían pertenecer al cincuentón que visitaba mi casa o a la joven mujer de los alrededores del Palacio Legislativo. *

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