De chele, nomás, de puro dope
Tengo en mis manos el diario El País del miércoles 20 de diciembre de 2006. Entre las noticias de portada se destaca el siguiente titular: «Ola de hurtos y arrebatos se registra en Maldonado». «En Maldonado se registró en los últimos días una ola de hurtos a casas y arrebatos, la chacra en Punta Ballena de un turista alemán fue desvalijada…».
Inevitablemente vuelvo a pensar y recordar lo que me sucedió pocos días antes, el domingo 17 en la Estación Ancap de Avda. Italia y Caldas sobre las 17.00 horas. Mi instante fatal consistió en detenerme a comprar una botella de agua mineral, gravísimo error en estas fechas. Voy a demostrar que los arrebatadores no son solamente jóvenes pobres. Luego de abonar en la caja del súper de la estación los diecisiete pesos del agua con gas, me dirigí a mi coche estacionado en la pista de la estación. Cuando abrí la puerta, me di cuenta que me faltaba el celular. Rápidamente volví a la caja y pregunté si lo había dejado ahí; me dijeron que no. Salí a la pista y ante mi nerviosismo, una señora bajó de su auto y me preguntó. «¿Ud. perdió un celular?», «Sí», respondí, «Se lo llevó el del coche azul que salió atrás de usted». Los empleados de la estación me dijeron que mirara la filmación del sistema de video que tienen por seguridad. Así lo hice: me vi caminando en chancletas con la puta agua en la mano, abriendo la puerta del Fiat y sorprendiéndome a mí mismo, dar media vuelta y casi chocar contra un auto azul que se detenía y ver al chofer abrir la puerta estirar su brazo y agarrar mi celular, para luego tomar lentamente por Avda. Italia perdiéndose del campo de filmación, no sin antes dejar en todo lo alto y ancho del monitor estampada su matrícula.
Mis abuelos maternos vinieron a comienzos de 1900 de España de una zona muy pobre, entre Extremadura y Andalucía. Vivieron y murieron en este país muy pobres. Mi madre me contó que en una oportunidad era tanta el hambre en el conventillo del Barrio Sur, que ella ante el descuido del carnicero agarró varios chorizos y se los llevó a su madre. «Mamá, los encontré en la calle», le dijo. De la oreja, mi abuela llevó a la pequeña hija para su vergüenza a devolverlos a la carnicería.
El Peugeot azul metalizado cero quilómetro ronda los 18 mil o 20 mil dólares. En estos días de regalos navideños, mi celular lo llegué a ver cotizado a 900 pesos o en 12 cuotas de 89 pesos, algo así como 1.068 pesos, unos 42 dólares. Por el plan Inju Salvaje, son 12 cuotas de 59 pesos. Desde la estación comencé a llamar a mi celular, pero ya estaba apagado. Dejé reiterados mensajes, le di un nuevo número de teléfono para que me llamara, le pedí que nos encontráramos, o lo dejara al pasar por la estación. Le dije que estaba filmado, que tenía su matrícula y que no quería hacerle una denuncia por hurto porque yo sé lo que es estar detenido, citado por la Policía. Me imaginé a ese flaquito trillando por el patio de un módulo cualquiera del Comcar, por una pavada como llevarse un celular viejo y desvencijado de una estación de servicio, que podía ser de uno de los muchachos pisteros, o un cliente del súper o un trabajador que fue a cobrar el sueldo al cajero automático. Pensé que tal vez un familiar, un amigo lo llevaría de la oreja a devolverlo y decidí esperar hasta el lunes para hacer la denuncia. Sin noticias, el lunes 18 al mediodía me dirigí a la Seccional 11ª. Me atendió la oficial Adriana de los Santos. Luego de comprobar las imágenes del video, la marca y matrícula del coche B 709 228, pasó a ubicar a sus dueños. El miércoles 20, mientras leía la nota sobre la ola de hurtos en Maldonado, me llamaron de la seccional para notificarme que ese día habían devuelto el celular. Argumentaron que no habían tenido tiempo de ir hasta Ancel (¿?) a entregarlo porque trabajan en Piriápolis.
El Uruguay productivo inevitablemente saldrá de las entrañas de nuestro país, de nuestra gente si somos capaces de cambiar nuestras cabezas. ¿Para qué carajo querría este flaco con un Peugeot 206 cero K, comercio en Piriápolis y apartamento en Punta Carretas, un viejo y destartalado celular?
Cuando entraba a la comisaría a realizar la denuncia, me vinieron a la mente unos versos de Carlos De La Púa en «Línea 9″ : «Era un boncha boleao, un chacarero que piyó aquél 9 en el retiro, nunca vieron esparo ni lancero un gil a la acuarela más a tiro.
Eran polenta el bobo y la marroca y la empiedrada fule berretín, del grilo una casimba daba boca y de atrás la orejeaba el chiquilín. El ropaé que acusa ese laburo trabajó bien al boncha de culata, pero el lancero laburó de apuro y de gil casi más mete la pata. Era un bondi de línea requemeda, guarda batidor, cara de rope, si no saltó cabrón por la mancada fue de chele nomás, de puro dope».
La denuncia la hice por extravío nomás, de puro dope. *
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