Un año lleno de perspectivas auspiciosas
La Rendición de Cuentas.
Mientras que en anteriores gobiernos dichas herramientas eran utilizadas para ajustar a la baja el gasto público, o no eran utilizadas para nada (las famosas rendiciones de un solo artículo), la Rendición de Cuentas para el año 2007 prevé una expansión presupuestal basada en el crecimiento económico, y que apuesta, precisamente, a repartir el producto de dicho crecimiento. O sea, apuesta a generar desarrollo, y no solo crecimiento.
Para el año que viene habrán de volcarse 40 millones de dólares más para el Panes, 28 millones para la educación (8 de los cuales son gracias al incremento de la recaudación fiscal), 40 millones más para salud y seguridad (50% para cada uno), 10 millones para diversas inversiones, y 15 millones para otros proyectos y el Inau. También se prevé un aumento de salarios y pasividades que podría superar el 10%.
En la actual legislatura, ya llevamos más de 129 proyectos de ley aprobados, y 257 que han sido presentados. De entre los proyectos que restan aún por aprobarse, lógicamente hay diferentes niveles de prioridad. Se trata de una serie de 10 o 12 proyectos importantes, pesados, que intentaremos promulgar antes de que culmine la actual legislatura. La Reforma del Estado ha sido calificada por el Presidente de la República como «la madre de todas las reformas», por su complejidad, dificultad técnica y trascendencia. Sus múltiples niveles de discusión y ejecución Leyes, Decretos, resoluciones administrativas, etc. deberán encararse para que converjan hacia una definición más acabada y total. Ciertamente no se hará de un día para otro, ni tendrá carácter definitivo. La Reforma del Estado es permanente, y debemos considerar el pasado, el presente y el futuro. Las políticas administrativas que los jerarcas han implementado en cada una de sus unidades. Por tanto, debemos ir paso a paso, pero con un concepto global de lo que pretendemos, y también, habilitando instancias de participación; porque si no involucramos a los directos interesados y afectados, no hay reforma por más maravillosa que pueda ser en la teoría que sea aplicable.
En 1912, el ministro de Industrias del gobierno de Batlle y Ordóñez Dr. Eduardo Acevedo creó el Instituto de Química Industrial con el cometido, entre otros, de estudiar la viabilidad de utilizar alcohol como combustible, y fue la razón por la cual se concedió la producción, rectificación, importación y exportación de alcoholes en régimen de monopolio. ¿Qué pasó para que esta iniciativa no prosperara? Básicamente, el famoso «impulso y su freno» al que se refirió Real de Azúa. Al llegar el «vierismo» al poder, cambió el elenco gobernante y también su orientación ideológica. Uno de los proyectos que se abandonó fue, precisamente, el de producir combustible en base a alcohol; y el Instituto de Química Industrial pasó a formar parte de Ancap en 1931. De ahí, a comenzar a producir grapas y caña, hubo solo un paso.
Unos 40 años después de eso, y más de 60 después del proyecto original, Brasil sorprendió al mundo al utilizar alco-nafta, disminuyendo de esa forma su dependencia del petróleo, al mismo tiempo que generaba mano de obra nacional y avance tecnológico. Hoy en día, es el mayor productor y exportador mundial de etanol.
En el mundo actual, la brecha más grande e injusta no es entre los países ricos y pobres. Es la brecha tecnológica entre los países que invierten parte de sus recursos en innovación e investigación tecnológica, y aquellos que no lo hacen o no lo hacen en la medida que deberían. Ese fue el camino que siguió Japón después de la 2ª Guerra Mundial a través de su MITI; y el que, por otro camino, siguió Costa Rica por intermedio de su Universidad pública.
No se trata de negar la iniciativa privada, la cual siempre es bienvenida, buscamos favorecer procesos de articulación público-privada que en este ámbito puedan darse. Pero también decimos que la teoría liberal clásica adolece un defecto muy grave que generalmente se pasa por alto: es una teoría surgida en los países centrales, y adoptada por los periféricos como si nuestras realidades fueran similares. Es inútil y falaz argumentar que la libre acción del mercado permitirá desarrollar la investigación científica y tecnológica en los países atrasados.
Si lo que pretendemos es lograr un proceso de innovación científico-tecnológica de carácter regional que implique una visión de proyecto país a largo plazo, el punto de partida necesario será la iniciativa estatal, que sirva de estímulo a la iniciativa privada; y que pueda concentrar sus esfuerzos en investigar y resolver los problemas propios nacionales y regionales que se nos plantean.
Comúnmente, solemos buscar y referirnos a países que consideramos «exitosos» para utilizarlos como ejemplos a seguir; y perdemos de vista que, por lo general, suelen ser idealizaciones demasiado simplificadas. Pero si algo en común tienen todos esos países en los que puedan estar pensando ahora (ya sea N. Zelanda, Irlanda, Finlandia o Chile) es que partieron de la base de percibir la crisis de un modelo de desarrollo, y que el Estado fue un actor y promotor muy fuerte en la investigación tecnológica aplicada a la realidad nacional; y, a partir de ahí, aplicaron cada uno un modelo propio, con soluciones endógenas.
A comienzos de la década del 90, el paradigma neoliberal de la desregulación de los mercados, la flexibilización laboral, la apertura de las economías nacionales y la minimización del Estado estaba en su apogeo. En casi toda Centroamérica se adoptó ese paradigma a pies juntillas, salvo en Costa Rica, donde el Estado invirtió fuertemente en dos sectores: la educación y la innovación tecnológica en el sector de la comunicación. ¿Cuáles fueron los resultados?: mientras que otros países se llenaron de maquilas por si alguien no sabe, las maquilas son galpones, donde empresas (generalmente textiles) en régimen de zona franca, hacinan a un montón de empleados (por lo general mujeres) en pésimas condiciones laborales y salariales en Costa Rica recibieron la inversión de Intel.
Es por estas razones que uno de los proyectos fundamentales para el año que viene será la creación e instalación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, y que el Ejecutivo destine 100 millones de dólares durante el quinquenio 2007-2012 para la investigación e innovación científico-tecnológica.
Finalmente, a través de estas páginas solo me resta desearles a todos los compatriotas mis deseos de que pasen una muy linda fiesta de Año Nuevo, y un feliz y próspero 2007. *
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