La necesidad de hilar fino
Es evidente que cada país tiene sus características propias y no se puedan trasplantar a sus realidades modelos rígidos, estáticos, que funcionan en otras regiones o países de manera automática, porque hacerlo haría peligrar un proceso de estabilidad que el esfuerzo de la gente, con su trabajo, ha logrado.
No se trata de TLC a la chilena sí, Mercosur no, porque ninguna de ellas son alternativas a las que el país se pueda trepar con total seguridad de éxito, y la ansiedad en política es un mal que se debe combatir sustituyéndolo para el más reposado análisis de la realidad y un pragmatismo a toda prueba que nos indique los caminos mejores para nuestra pequeña economía en crecimiento exponencial.
En una nota editorial anterior indicábamos la importancia del intercambio comercial del país dentro del Mercosur y hace pocas horas trascendía el déficit comercial uruguayo con Argentina y Brasil, que supera los mil millones de dólares.
Son cifras contradictorias pero contracaras de la misma moneda cuyos aspectos negativos el país debe ir tratando de superar dentro del marco del acuerdo regional. Las mentes calenturientas que plantean un rompimiento con el Mercosur, parecería que no han tenido en cuenta la ubicación geográfica del Uruguay.
Los que utilizan a Chile como ejemplo deberían tener la lealtad intelectual de analizar aquella realidad y de señalar que en el país trasandino se llevó adelante una muy inteligente política de especialización productiva, tanto agropecuaria como industrial, de la que Uruguay ni siquiera tiene un borrador.
Por otra parte el mercado internacional se encuentra en una etapa de voracidad por el crecimiento de las importaciones chinas, un país gigantesco que todavía por algunos años tratará de mantener su expansión pues su objetivo es eliminar las zonas más deprimidas de su población, otorgándoles la posibilidad del consumo.
Pero a la vez, es un país que tiene una producción para la exportación realizada a escala inimaginable para las otras industrias del mundo, con la que no se puede competir mano a mano. Uruguay, pese al desarrollo desordenado que ha tenido la industria en la última etapa producto del mejoramiento de la capacidad de compra del mercado interno, que ha logrado suprimir su capacidad ociosa y, en algunos sectores, incluso incorporar nuevos bienes de capital, no está planificada para los negocios a mediano y largo plazo. No se ha buscado especializar al país en algunos productos de alta calidad, pese a que se menciona insistentemente al software, que nos permitieran, como en el caso de Chile, tener un fluido comercio con el mundo.
Si supuestamente firmáramos un TLC con EEUU, ¿en qué rubros Uruguay podría incrementar su producción a tal punto como para cumplir las exigencias de un mercado de esas características, atraído por los aranceles cero? Quizás la industria láctea, que está instalada, podría desarrollar una producción más intensiva y exportar mucho más. Pero firmar un TLC, con lo que ello conlleva como elemento negativo dentro del marco del Mercosur, para especializar al país después, es una especie de acción suicida que determinaría parece evidente que los logros se comenzaran a ver al largo plazo, fecha como decía el maestro de la economía, Keynes en que ya estaremos todos muertos.
El camino que queda es el del pragmatismo, el de la constante negociación, el de tratar de lograr que la propuesta de Brasil de aceptar que los productos de exportación uruguayos tengan hasta un 70 por ciento de elementos importados, prospere, el de tener una política industrial coherente a las necesidades del país y a un Estado que, además de defender las inversiones que se hagan en bienes de producción, tanto extranjeras como nacionales, atienda los problemas coyunturales de quienes ya instalados tienen coyunturas internacionales desfavorables, como es el caso de la industria textil.
El Estado debe arbitrar soluciones para impedir, en todos los casos, que se dilapiden los esfuerzos y que las «modas» o los «caprichos» se impongan sobre las razones. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad