El cepo y una derecha sin escrúpulos

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Algunos dirigentes locales de la derecha blanqui-colorada, acompañados por un sector de la prensa liderado por el inefable matutino de la Plaza Cagancha, han hecho en torno al penoso incidente una malévola campaña que ilustra hasta qué punto se está dispuesto a llegar cuando de lo que se trata es de enfrentar a las corrientes progresistas.

El funcionario, Luis Alberto Medina, ultimado por la reacción desmesurada y brutal de un automovilista, se ocupaba del cumplimiento de normas sobre el estacionamiento tarifado fundadas en resoluciones legítimas de los organismos constitucionales pertinentes.

Sus funciones de ordenamiento y fiscalización son de la misma naturaleza que las de cualquier funcionario que se ocupa de esa índole de tareas en el sector público: jueces, fiscales, policías, aduaneros, empleados de la impositiva no hacen sino ocuparse del cumplimiento de las normas legítimamente adoptadas, sean o no simpáticas para tal o cual sector de la ciudadanía.

Lo increíble, en el episodio del asesinato de Luis Medina, es que su muerte viene siendo groseramente utilizada para desencadenar un debate público acerca del cepo, como si esto fuera lo que ahora está en cuestión.

Ya desde la información primaria del luctuoso suceso, el diario El País, con la arrogancia y la impunidad a la que está acostumbrado, calificaba a la víctima, desde sus grandes titulares en primera, de «encepador».

A esa actitud de demagogia frente al poderoso «lobby» de los automovilistas (ya o potencialmente encepados) se sumaron ediles y burócratas de toda laya tratando de hacer del episodio un afluente de agua a los molinos de las derechas más inescrupulosas.

Ha sido interesante consignar cómo, desde las propias páginas editoriales del matutino eternamente oficialista, se alzó la voz sensata de un analista decente, Leonardo Guzmán.

Efectivamente, en la edición del pasado viernes, el veterano militante batllista, escribió un artículo en el que señala, entre otras cosas, «(…) han surgido ríspidos comentarios sobre las tensiones que rodean al encepamiento. No es el momento de hacerlos. Ante la muerte, silencio; ante el crimen, condena unánime. Sin fisuras: si empezamos a hacer concesiones, terminamos justificando lo injustificable y demoliendo principios».

«El juicio penal establecerá las agravantes y las atenuantes del caso particular, precisando técnicamente la tipificación y graduando la sanción. Pero en el plano de la sensibilidad pública, el crimen es crimen. Si lo disolvemos en el excipiente de contextos, ahogaremos la repulsa y arriesgaremos dejar de sentir que cuando los valores básicos son ultrajados, hay que reafirmar, hasta la médula el sentimiento normativo.»

En esa misma edición del matutino, continuando con la campaña iniciada el mismo día que informada sobre el homicidio del trabajador de «Autoparque», se informaba -como título principal de la edición- que » Nueve de cada diez montevideanos están a favor de revisar el uso del cepo».

Cegados por su odio sectario al gobierno progresista de Montevideo, la derecha no tiene escrúpulos ni da cuenta del menor registro de los «principios» que reclamaba Leonardo Guzmán.

De ahí la insensibilidad frente al crimen, su demagogia frente a las normas que regulan el estacionamiento tarifado, su ligereza y su frivolidad para encarar el tratamiento público un delito grave contra la convivencia civilizada, con la que tantas veces se llenan la boca.

Si una lección deja este doloroso episodio es el grado de descarnada dureza con la que las derechas disputan cada milímetro de poder, haciendo para eso flechas con todas las maderas.

Siempre es conveniente no perder de vista al tigre.

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