¿Qué pasa con la energía eólica?
Hace pocos días un lector de LA REPUBLICA recordaba cómo habían ganado un lugar central en la producción de energía, los sistema eólicos, que utilizan como insumo la fuerza del viento y que no son contaminantes y su instalación, si bien requiere altos niveles tecnológicos, no se convierte en onerosa porque la energía que se produce es realmente barata.
Cualquiera que haya visto la última película del maestro español, Pedro Almodóvar, «Volver», se habrá sorprendido de como en cada escena rural, cuando los personajes viajan de un pueblo a otro en la campiña manchega, siempre el paisaje está tapizado por enormes molinos de producción de energía. Es que las empresas españolas tienen las cosas claras, no se enfrentan a discusiones estériles como la que parece encontrarse UTE y se dedican a hacer, abaratando cada día más ese insumo.
En el Uruguay, por desgracia, la polémica no se resuelve. Al parecer un grupo de técnico del ente energético pretende levantar una central térmica que funcione a carbón, quizás el combustible hoy más contaminante de cuantos se utilizan para generar energía. Pero ese no es el único argumento en contra. Para proveer el carbón a la central, habría que crear un puerto de aguas profundas en la zona oceánica. ¿A qué costo?
La otra idea que se maneja es reiterar la generación con gas natural, para lo cual habría que levantar una central de regasificación. Por supuesto que tanto este fluido como el carbón habría que importarlo de los países vecinos, manteniendo una dependencia parecida a la actual: actualmente UTE compra energía de manera directa, en el segundo caso, compraría en el exterior, combustible para producir energía.
Nadie en el directorio de esta empresa pública ha expresado la razón por la cual no se inicia una fuerte inversión en el levantamiento, en lugares clave del país, de parques eólicos, que podrían ir solucionando rápidamente la emergencia que ahora, cuando el agua como ocurre en esta época del año escasea en el caudal de los ríos Negro y Uruguay, trata de solucionar contrayendo el consumo con otra suba de las tarifas.
Las crisis cíclicas de la producción de energía dan cuenta de la falta de previsión que se mantuvo por décadas, en que se jugó al país a favor de una política que acentuaba la dependencia en materia de energía. El esquema armado de interconexión determinaba que el país, cuando lo necesitaba, compraba fluido producido en Argentina y en Brasil, sin buscar soluciones propias, de fondo.
La central, de porte mediano, inaugurada en Punta del Tigre, no mitiga en mucho la profundidad de la crisis. Una central, por otra parte, de operación cara, que evidentemente podría haber sido superada en producción y economía con un parque eólico que quizás se hubiera levantado con una inversión similar.
El año se iniciará con una suba del 5,5 por ciento de las tarifas de UTE, agobiada por otra profunda crisis al fracasar la producción hidroeléctrica por falta de agua para mover las turbinas en las represas existentes. Un mal augurio, porque no se conoce ningún plan plausible para revertir una situación que finalizará quizás cuando comiencen los ciclos lluviosos, pero que se reiterará el año próximo, al igual que ocurriera durante el verano anterior, cuando se debieron adoptar medidas dramáticas imponiendo restricciones al consumo.
Y así vamos. *
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