Kirchner y su responsabilidad en el conflicto
Los cambiantes hechos políticos se vienen sucediendo vertiginosamente, enrareciendo aún más la relación entre los gobiernos de Argentina y Uruguay aunque los analistas de la situación han comenzado a advertir un cambio en la posición de las empresas, especialmente de la finlandesa Botnia, a la que la continuación del diferendo no le viene bien.
Los anuncios provenientes desde Argentina de que la empresa ENCE se instalará en el departamento de Colonia, concretamente en la localidad de Conchillas, dejan traslucir esa actitud negociadora de las multinacionales que, obviamente, no solo se levantan en esta zona del Uruguay para explotar la riqueza forestal que existe en el país, sino también para diversificar sus negocios y procesar madera proveniente de Argentina. ¿O, esa no fue la razón para esa ubicación de la planta de la empresa finlandesa a unos centenares de metros del puente internacional General San Martín?
El titular de ENCE en Buenos Aires lo explicitó de manera concreta, para que no quedaran dudas a nadie. Luego de agradecer los buenos oficios del rey Juan Carlos de Borbón, de contar que le pareció absurdo levantar la planta en la ubicación anterior, cercana a la de la empresa Botnia, indicó que no se limitaría a la utilizar la materia prima uruguaya, sino que importaría insumos desde el vecino país.
Es indudable que se trata de una visión globalizadora de los negocios, y que hace que desaparezcan alguna sombras que oscurecían la comprensión del problema. El objetivo de estas empresas, que se levantan en el centro de una insuperable riqueza forestal, es transformar esa madera en celulosa y trasladar ese insumo, para la elaboración de papel, a plantas del viejo mundo.
Es evidente que Uruguay tiene que estar abierto a este tipo de inversiones que sirven para completar un proceso que se iniciara hace dos décadas, cuando se puso en marcha el Plan Forestal, que al determinar subsidios a la plantación de árboles, fue exitoso como pocos en el país.
El problema ahora es resolver el diferendo con el gobierno argentino. El existente con los piqueteros «ecologistas» de Gualeguaychú es un tema menor, producto de la acción de unas pocas personas que siguen en su accionar sobre las rutas, que se mantiene solo por el visto bueno que le da el gobierno de Néstor Kirchner.
El problema principal está en el relacionamiento de los dos gobiernos y, parece evidente a esta altura, que el camino elegido por Uruguay, en el que siempre ha tenido éxito en sus planteos ante los organismos internacionales de Justicia, no ha servido de mucho para modificar la actitud de Kirchner, que maneja en torno al tema más de un discurso.
Sostiene que el corte de rutas es una expresión que pueden tomar libremente las personas, una protesta que valora como lícita. Pero, nosotros le preguntaríamos al contradictorio presidente argentino: ¿cuánto tiempo permitiría un corte de ruta, llevado adelante por piqueteros, que impidiera el tránsito a Mar del Plata?
El tema está claro y la solución del diferendo es posible solo en base al diálogo, primero trabajoso, luego más abierto, porque es incontrastable que los perjuicios que está viviendo Uruguay, su merma en el turismo, la depresión económica y laboral que se está viviendo en Fray Bentos y en todas las empresas y actividades conexas al tráfico fronterizo, no es responsabilidad de los grupos de piqueteros atolondrados que arman sus carpas al borde de la ruta y esperan, tomando mate, que algún vehículo quiera pasar.
La responsabilidad de lo que está ocurriendo es del gobierno argentino y, en especial, de su presidente Néstor Kirchner. *
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