Docentes: ¡a los alumnos!

Hace muchos años estudiaba Filosofía en Buenos Aires. Recuerdo con claridad que un profesor nos contó que hacía años había pasado por la Universidad el pensador español José Ortega y Gasset. Como lo más significativo de aquel encuentro nuestro profesor recordaba que Ortega les había dicho: «Argentinos, a las cosas mismas». En el ámbito filosófico esto tiene una fuerte resonancia, pero siempre creí que también era una buena consigna para la vida misma, para las cosas más triviales que nos preocupan a diario.

«A las cosas mismas» puede querer decir: preocupémonos por lo que importa, independientemente de los envoltorios. Seamos más sencillos en nuestros razonamientos y más diligentes en la acción que debemos desarrollar. No le demos más vueltas a los problemas: a remangarse y manos a la obra. Podría querer decir también seamos más profesionales en nuestras tareas y menos discurseros en nuestras justificaciones. Qué les parece: ¡zapatero a tus zapatos!

Puede ser que cada uno le encuentre distintos sentidos a esta frase, según el momento de vida en que se encuentre.

Como ven, nuestra frase puede tener giros más amplios o más restrictivos. Pero más allá o más acá hay una cosa cierta y desafiante: que cada cual atienda su juego. La sociedad espera de nosotros, los docentes, el buen cumplimiento de la misión que nos encomendó. No se trata de limitarnos a no pensar más allá de nuestras responsabilidades sino de pensar con grandeza desde el acabado cumplimiento de nuestras responsabilidades.

El docente y el político tienen frente a sí el horizonte del bien común. Los ciudadanos de la Patria. El político lo realiza a través de su compromiso partidario. El docente por su vocación de compromiso con la «polis», la sociedad en su conjunto, sin distinciones ni restricciones. La profesionalidad del docente lo lleva a mirar alto y lejos pero no puede distraerse del alumno en su situación. Los alumnos nuestros de cada día son nuestro presente y futuro.

El mañana se construye desde el atento trabajo de hoy.

Estamos en tiempos de debate educativo y eso es muy bueno. Desde hace más de cuarenta años la sociedad uruguaya se debía un debate de esta naturaleza.

Cuando desde la CONAPRO entregamos en el Parlamento en marzo de 1985 el proyecto elaborado que se convirtió en la vigente ley de educación lo hicimos en el convencimiento que este debate no se demoraría.

La realidad nos dice que tuvimos que esperar 21 años. Bienvenido el debate con todos y entre todos y para todos los temas educativos que comprometen a la sociedad entera.

Hoy la realidad educativa nacional presenta un fuerte deterioro. Maracaná ya salió de nuestras aulas y vagabundea por las mentes nostálgicas de algunos profesionales del pasado. El fuerte impulso corporativo del momento puede hacer perder el norte de nuestros desvelos como educadores: el aula.

Es muy bueno que demos nuestro parecer sobre las circunstancias anexas a la tarea educativa pero lo que se espera de nosotros sólo será comprensible desde la tarea bien realizada como docentes: el cumplimiento estricto de los días y horas de clases, su preparación, la alta expectativa puesta en nuestros alumnos, el comprometernos con la institución educativa arriesgando nuestra «imagen» personal.

La educación uruguaya debe hacer un giro copernicano y su punto de apoyo serán los docentes impulsados por un gran compromiso de toda la sociedad independientemente de banderías o intereses particulares, sectarios o corporativos.

Vemos mucha energía puesta en cuestiones de distribución del poder y fantasías de presupuestos, pero no descuidemos la actualización de la praxis y los modelos educativos que necesita el Uruguay para salir de nuestro letargo e integrarnos al mundo con renovada dignidad.

¡Maestros y profesores: a las aulas! Los índices de deserción crecen, la repetición es un flagelo, el aburrimiento de nuestros jóvenes es notorio y nos lo dicen de mil modos.

Nos faltan, en la conducción, líderes educativos pues para superar la administración del caos se necesita algo más que buenas intenciones. ¿Hasta cuando? Sólo de la pasión por educar, del fuego en el corazón de los educadores daremos el impulso que destrabe la rueda atascada. Necesitamos proyectos nacionales para todos los uruguayos, la pasión por la educación de calidad PARA TODOS. ¿Será posible? *

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