Una luz en la cerrazón
Se anuncia que el jueves se reunirán, en la casa de gobierno de la ciudad de Salto, cuatro intendentes uruguayos, los de los departamentos de Río Negro, Soriano, Paysandú y Salto y sus similares de cuatro localidades argentinas, entre ellas Gualeguaychú, Concordia, Colón, etc. Al encuentro se sumará el gobernador de la provincia de Entre Rìos, Jorge Busti.
Es sin duda una buena noticia, cuando arrecian los cortes de rutas y los piqueteros de Gualeguaychú están tratando, ahora que lograron su propósito en las ciudades de Colón y Concordia, de influir sobre los sindicatos respectivos para que también se corten los ingresos a Uruguay por vía marítima.
No es que nos aferremos a una pequeña esperanza, a que se abrió una puerta y aparece por el borde una pequeña luz. Pero, es evidente, que el diálogo cortado entre los presidentes comience a realizarse entre intendentes de la zona más conflictiva y que en el mismo participe el polémico y vituperado gobernador de la provincia vecina, quien en primera instancia impulsó la medida de los cortes, pero que desde hace un tiempo, comprendiendo su infecundidad para los intereses argentinos, trata de convencer a los piqueteros «ambientalistas» de que terminen con la aberrante acción que solo perjudica a los trabajadores uruguayos.
Es evidente que la planta que levanta la empresa finlandesa Botnia no contaminará a la lejana Guareguaychú, que se encuentra a 40 kilómetros de distancia, ni a la zona balnearia sobre el río Uruguay (la playa entrerriana más cercana a la fábrica de celulosa está a más de 9 kilómetros).
Pero además los grupos de investigación llamados a estudiar el impacto ambiental coincidieron que la planta no será contaminante, pese a lo cual Uruguay estaría dispuesto a estudiar un desagüe lejano a esa zona del río Uruguay, para aumentar la tranquilidad de los habitantes de la provincia de Entre Ríos.
¿Qué es lo que buscan? Sería bueno que los grupos especializados de la inteligencia del Estado, tantas veces utilizados para las peores causas, se pusieran a estudiar este aspecto y a desentrañar qué hay detrás de la acción de estos «piquetes», claramente amparados por sectores expansionistas que buscan que todo culmine en un conflicto internacional.
Pero, mientras tanto, la situación sigue agravándose, con la única luz en el camino de la reunión del jueves entre los intendentes argentinos y uruguayos, de la que participará el gobernador Busti.
No cabe duda, por la índole y la sinrazón de la agresión argentina, que el Tribunal de La Haya dictará una medida cautelar que recién se conocería –según ha dicho el experiente embajador Héctor Gros Espiell– en la tercera semana de enero. Será otro triunfo de la diplomacia uruguaya, pero que dará solo una satisfacción intelectual de recibir el premio en la Liga, mientras que en la cancha, seguimos con el viento en contra.
Por ello debemos esperar que fructifique la gestión mediadora del enviado del Rey de España, que se establezca lo antes posible una mesa de diálogo y las dos partes se pongan a trabajar en un acuerdo básico para solucionar el diferendo que debe salir de los titulares de la prensa, para lo cual los presidentes debieran apaciguar sus ánimos polémicos y, como han abierto el camino estos intendentes, sentarse a dialogar para acordar una solución definitiva a la enojosa situación.
Uruguay debe asegurarle a la Argentina una vez más su decisión de vigilar todas las acciones de Botnia para evitar que contamine, requiriendo para la tarea a un grupo de asesores argentinos, con el fin de dar tranquilidad a los ambientalistas de que todas las cosas están en orden.
Sin embargo los «piquetes» que cortan los puentes poco entienden de esas cosas y sólo están de acuerdo, en su dinámica militantista, en sustituir la verdad por la mentira y de no importarles agredir al pueblo uruguayo, a los trabajadores, que viven del trabajo fronterizo, de las exportaciones e importaciones, del turismo, que han visto resentidas cuando no suspendidas, sus actividades.
Muy lamentable. *
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