Los desafíos en la culminación del año 2006

En primer lugar, se trató del abordaje de la emergencia social mediante el Panes, definido como el buque insignia de nuestro gobierno.

También contribuimos a definir un conjunto de grandes cuestiones que se fueron planteando durante este año y el anterior: mejoras en la reforma tributaria, mejoras en la Rendición de Cuentas, tratamiento del endeudamiento de los sectores productivos y las familias, resolución adecuada de los intentos de un Tratado de Libre Comercio con EEUU, etc.

En materia de derechos humanos, no somos ajenos a los avances conquistados en memoria, verdad y justicia, al ingreso a los cuarteles, al descubrimiento de los restos de Ubagesner y Fernando, a los procesamientos de militares, policías y ahora civiles de la dictadura fascista, siempre en la perspectiva de la anulación de la ley de impunidad.

En algunos aspectos en que hemos manifestado nuestra visión discordante (maniobras Unitas, envío de tropas a Haití, Tratado de Protección de Inversiones con EEUU, etc.), siempre lo hemos hecho respetando las decisiones orgánicas del FA, y entendiéndolo como la mejor forma de defender el rumbo nacional, popular y democrático de nuestro gobierno.

En relación al papel del FA, hemos bregado -sin claudicaciones- por su fortalecimiento orgánico, por la defensa de su rol en la discusión y resolución de los temas centrales, estratégicos, aquellos que definen el rumbo del gobierno y del país. A la vez, por el protagonismo de los Comités de Base, ese lugar de encuentro de los militantes, elemento esencial y más vivo de nuestra fuerza política.

Las recientes elecciones internas han demostrado el valor de la fuerza política para resolver, no sólo la correlación a la interna, sino a la vez para detener la fuerte ofensiva de la derecha política y social. Pero falta, falta organización, falta dinamismo para responder con prontitud a los desafíos que instala el avance en la concreción de nuestro programa.

En torno a la actividad de la clase obrera, hemos tenido especial preocupación por contribuir a su fortalecimiento en todos los planos. Como una síntesis de la misma, podemos mencionar la exitosa culminación del 9º Congreso del PIT-CNT y los posteriores avances organizativos de la central. Igualmente, la instalación y funcionamiento de los Consejos de Salarios y las leyes aprobadas, entre las que destaca la de libertades sindicales.

Al mismo tiempo, no dejamos de señalar preocupación por los ritmos de la distribución del crecimiento de la economía y por la continuación de elevados índices de desregulación y flexibilización laboral. Basta mencionar un reciente informe del FMI, que nos ubica en el primer lugar de los países con menor seguridad en el empleo, sólo superados por Hong Kong y Zambia. También recordemos que empeoró la distribución del ingreso durante el primer semestre de 2006, y que mientras la economía creció más de 14% entre marzo de 2005 y junio de 2006, los ingresos medios de los hogares aumentaron 4.02% y el salario real creció 4.86%.

Respecto de otras organizaciones sociales clave del campo popular, también es claro nuestro compromiso con su fortalecimiento, como expresión organizada del bloque político-social democrático radical de los cambios.

El conjunto de las acciones reseñadas ha conducido a una nueva correlación de fuerzas, tanto en la sociedad como en el seno del FA. Pero no basta. Para contribuir de modo decisivo al aseguramiento del rumbo democrático, nacional y popular de nuestro gobierno, para colaborar con más fuerza en el cumplimiento de nuestro programa, necesitamos todavía mucho más y mejor PCU.

En esta tarea es hoy fundamental profundizar-acelerar todos los esfuerzos para concretar el Uruguay productivo con justicia social y participación popular. Tal como definía Tabaré en el reciente encuentro con ministros, legisladores y dirigentes de los entes y empresas públicas, esta es la prioridad estratégica de nuestro gobierno.

Reconociéndose avances al respecto, también se señaló el carácter espasmódico de los intentos, la visión autocrítica de que ello no configura una estrategia, que todavía no tenemos armado el núcleo central del Uruguay productivo. La consolidación de una estrategia firme significará cambiar el rumbo de una política económica muy jugada a la inversión extranjera directa y muy aceptante de las condiciones y límites de la mundialización-globalización en curso, bajo hegemonía del capital financiero transnacional. Implicará resolver la contradicción principal a favor del país productivo con justicia social y participación popular, y en contra de la mayor dependencia, que es el otro polo de la contradicción.

Igualmente -y en estrecha relación con el objetivo anterior-, se trata del despliegue de políticas activas de empleo, principal tema pendiente de resolución para las necesidades y la opinión de los uruguayos hoy día, tal como también se señaló en el encuentro mencionado.

También es la hora de continuar avanzando en el llamado Plan de Equidad, plan que presenta vínculos estructurales con la reforma de la salud, la reforma educativa y la reforma tributaria, así como componentes específicos.

Otro aspecto clave es el trabajo por más y mejor Mercosur, por cierto en el contexto mayor de las grandes conquistas electorales del último tramo del año en Venezuela, Ecuador, Nicaragua, así como del retroceso parcial de la fracción más aventurera y guerrerista y fascistizante del bloque dominante en EEUU.

Para contribuir a volver realidad los objetivos mencionados más arriba, para pasar de la teoría a la práctica, el PCU necesita fortalecerse en todos los aspectos de su vida orgánica, aquello que hemos intentado sintetizar en la consigna de crecer, organizar y educar.

En un momento particularmente importante del mundo, en que se incrementan ­a pesar de las apariencias de bonanza o, justamente, por ellas mismas- los aspectos críticos y amenazantes del sistema capitalista mundial y se aproxima el momento de resolución de sus contradicciones coyunturales y estructurales, el papel de la organización popular, a la vez en lo político y en lo social, se vuelve el tema central para lograr que esa resolución sea favorable a los intereses de la humanidad y no desemboque en una acentuación de la barbarie que ya estamos sufriendo.

Construir y construir, reforzar y reforzar el bloque político-social democrático radical de los cambios es lo central. Es nuestra contribución desde aquí, desde el Uruguay, a la lucha internacional de pueblos y gobiernos por otro mundo, mundo que, más que posible, es necesario para que siga existiendo la civilización actual en el planeta. Mundo que a través de sucesivos pasos de aproximación, desembocará en procesos democráticos avanzados, rumbo al socialismo y a la sociedad sin explotados ni explotadores. A la luz de esta cuestión medular se incrementa el papel del PCU.

Por eso, la exhortación a todos los camaradas para reunirnos sobre este fin de año y festejar con los amigos por los avances obtenidos. Reunirnos, festejar, sí, pero también invitar a todos ellos a integrarse a nuestras filas, a reforzar el PCU para afrontar los momentos decisivos que se vienen -tanto en lo nacional como en lo internacional- y poder contribuir a fijar con éxito los rumbos futuros. *

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