El guaraní, idioma oficial del Mercosur
En este Mercosur tan venido a menos, se ha producido en estos días una novedad cultural que no es noticia impactante según nuestra media periodística: la lengua guaraní, hablada por más de siete millones de personas, ha sido declarada idioma oficial del Mercosur, con el mismo rango que el español y portugués. No arregla el dilema existencial por el que atraviesa el proceso de integración, ni las diferencias estructurales que se profundizan entre Brasil y el resto de los países, o las actitudes de los dos países grandes que molestan a sus socios menores. Pero es un hecho cultural y políticamente alentador. No está de más recordar que la nación guaraní se extiende territorialmente no sólo en Paraguay, sino también por el norte argentino y sur de Brasil.
Eduardo Galeano cuenta que en la selva del Alto Paraná, un camionero le dijo que tuviera cuidado con los salvajes guaraníes, de los que, por suerte quedaban pocos. Cosa rara dice el escritor: en Paraguay se habla el idioma de los vencidos.
En Mayo de 2003 estando en Paraguay, me fui al céntrico y hermoso Café Literario, desbordante de gente. Se presentaba un libro cuya tesis central era olvidar el pasado y proyectar la integración regional pensando sólo en lo moderno. Me salió de adentro mi vieja vocación por la historia. Con mucho atrevimiento, ante unos doscientos paraguayos traté de refutar dicha tesis sosteniendo que los guaraníes, orgullo histórico de nuestra América, tenían mucho para enseñarnos a nosotros, los «modernos iluminados». Sorpresa: al finalizar mi intervención recibí aplausos, felicitaciones varias, e insólitamente ¡hasta alguna solicitud de autógrafo! Un recuerdo realmente gratificante.
El Mercosur sigue constituyendo una prioridad estratégica, sea para el perfeccionamiento de la unión aduanera o para transitar hacia el mercado común. ¿Es posible pensar en sociedades justas con enfoques estrictamente nacionales, o habrá que implementar una conducción políticamente centralizada, socialmente arraigada, con instituciones estables en las que los socios mayores estén dispuestos a abrir sus espacios a decisiones que respeten lo colectivo? Por supuesto, todo está algo distante, ¿no?
La constitución del Parlamento del Mercosur en los próximos días, significa democratizar la integración. Profundizará el involucramiento de pueblos y dirigencias políticas en el proceso. Paso enorme sin duda. ¿Insuficiente por su contenido? Discutamos entonces acerca del vaso medio vacío o medio lleno.
Democratización que también exige visión global, económica-social y valores culturales compartidos, que inexorablemente conducen a coincidencias políticas.
Lo social y cultural son símbolos de identidad regional. La lengua guaraní como idioma oficial del Mercosur, vieja aspiración paraguaya, constituye un hito importante en la construcción de la dimensión socio cultural, significando un reconocimiento trascendente al valor del pasado indígena, aquel que en el hermoso Café Literario se negaba. Nos permite tener esperanza política de que el futuro nos encontrará unidos en la diversidad, o desunidos y derrotados. Claro: exigirá realismo, gradualismo, paciencia.
Por si sirve la comparación, recordemos que hace 49 años, Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo firmaban los tratados que creaban la Comunidad Económica Europea (CEE) y la de Energía Atómica (Euratom), superando sus debilidades, tratando de evitar nuevos enfrentamientos como los de la Segunda Guerra Mundial y respondiendo al deseo de la ciudadanía de crear un continente más libre, justo y próspero. Objetivos que ya venían persiguiendo desde el final de la Primera Guerra Mundial. Cincuenta años después, la Unión Europea está integrada por más de 20 países. Algunos se apartaron, otros se integraron. Comparemos con un Mercosur de ¡apenas 15 años de vida! *
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