Gobierno y oposición

Senador del Partido Nacional

En cualquier democracia en el mundo la relación dialéctica de gobierno y oposición constituye la esencia misma del sistema y base fundamental de su fortaleza y de su vitalidad.

En nuestro país, desde los albores mismos de nuestro Estado se ha ido construyendo esa relación, en sus comienzos a través de enfrentamientos armados y de alzamientos revolucionarios, y luego con el desarrollo del siglo XX se fue consolidando a través de la acción de los partidos políticos y de sus líderes, de tal forma que con breves interregnos dictatoriales, este ha sido el modus vivendi que fue consolidando la estabilidad social, las reformas políticas y económicas y el funcionamiento de nuestro sistema democrático.

En estos últimos tiempos asistimos a una mayor rotación de los partidos en el ejercicio del gobierno y particularmente desde el año 2005 con la novedad del acceso de una fuerza política nueva, lo cual determina que se produzcan variantes en los códigos de relacionamiento entre gobierno y oposición. En el gobierno una fuerza política nueva como el Frente Amplio obtiene una acumulación de poder como ningún gobierno democrático ha tenido en muchas décadas en nuestro país: mayoría absoluta en el Senado y en Cámara de Diputados, totalidad de la integración del Poder Ejecutivo, exclusividad en la integración de los Directorios de las empresas públicas,

Bancos del Estado y organismo de Enseñanza. A ello debe sumarse la obvia identidad de esa fuerza política con la conducción del movimiento sindical, que en un país fuertemente urbanizado como el nuestro se constituye en un factor de enorme gravitación.

La oposición a su vez está lejos de ser una fuerza homogénea, siquiera coordinada, dado que por más que desde el gobierno y desde el Frente Amplio se generaliza con el término oposición, en realidad son tres partidos políticos claramente diferenciados y que a su vez aun sumando su representación parlamentaria no alcanza a las mayorías del partido de gobierno.

Todo ello parecería hacer más fácil para el partido de gobierno su relacionamiento con lo que genéricamente se le llama la oposición y equivocada o insidiosamente se le califica como la derecha en forma genérica.

En realidad parecería que el gobierno no alcanza de definir del todo sus códigos de relación con los demás partidos, generando una situación de incertidumbre que frecuentemente deviene en enfrentamientos y acusaciones, algunas de ellas absolutamente desproporcionadas como por ejemplo la de que los partidos de la oposición estén contribuyendo, participando o coordinando acciones con propósitos desestabilizadores en un conflicto como el de los camioneros que puede plantearse en cualquier sociedad de larga tradición democrática y que fue producto, como después lo reconocieron jerarcas del propio gobierno, de un conflicto de intereses propio de su actividad empresarial.

Similar situación se plantea cuando el gobierno, más allá de la interpretación que tenga cada uno sobre el procedimiento que se siguió para proponer el nombre del nuevo fiscal de Corte, frente al hecho de no contar con la mayoría especial de 3/5 requerido por el artículo 168 numeral 13 de la Constitución, haya decidido designar a la misma persona en cuestión como encargada provisoria, sin fecha límite del cargo, a través de una simple resolución del Poder Ejecutivo, generando una situación conflictiva innecesaria con los partidos de oposición.

Precisamente por el enorme poder que maneja hoy el partido de gobierno debiera ser mucho más cuidadoso del necesario respeto a las minorías y a los textos constitucionales y no debería enojarse y descalificar el natural y necesario papel que deben jugar los demás partidos con representación parlamentaria, que además es minoritaria.

Es obvio que a su vez la responsabilidad en el cumplimiento del programa de gobierno para el Frente Amplio, habida cuenta de la gran concentración de poder político de que dispone y al hecho de contar con la alianza ideológica y política con el PIT-CNT, es mucho mayor que en gobiernos anteriores de frágiles mayorías parlamentarias y notorios enfrentamientos desde la dirección sindical pero, en fin, ese es y será tema de reflexión de la opinión pública y de la ciudadanía en la convivencia diaria, en función obviamente de las expectativas y esperanzas que se generaron en la mayoría ciudadana que le dio el voto en el año 2004. *

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