Obstáculos imprevistos en la solución del diferendo

La escalada de tensiones que se verifica entre Uruguay y Argentina es insólitamente difícil de apaciguar, por más buenos oficios que intente el rey de España, Juan Carlos, por intermedio de su enviado especial que visitará Montevideo y Buenos Aires, a fin de proponer –se supone– una mesa de diálogo que tendría lugar en Madrid.

Es de esperar que la gestión prospere, que no se produzcan nuevas interferencias que pongan trabas al necesario camino de negociación que es el único, más allá del éxito legal que reiteradamente está obteniendo la posición uruguaya en los tribunales internacionales del más alto rango, para encaminar una solución definitiva al diferendo.

Lo que ha dejado perplejos a muchos analistas es el innecesario incremento de las tensiones provocadas por el incremento de los enfrentamientos verbales, que tuvieron origen en el presidente argentino Néstor Kirchner ante la imprevista movilización militar ordenada por el gobierno uruguayo.

Fueron palabras, quizás desmedidas, demasiado duras, que no sirven para abonar el camino de la negociación a que Argentina parecía estar dispuesta al pedirle al rey Juan Carlos que actuara en el tema. Ahora los hechos, como en una vorágine imparable, comenzaron a sucederse, porque los sectores más radicalizados, sin importarles las posiciones de las mayorías, han ganado notoriedad.

El grupo «piquetero» que corta el puente que une la ciudad de Colón con la de Paysandú es un grupo minoritario, cuyas posiciones siempre habían sido derrotadas en las asambleas de vecinos de esa ciudad, siempre reacias a cortar la comunicación con Uruguay. Ahora, abonadas por la caliente relación con Uruguay, se animaron a desconocer la posición mayoritaria, a rebelarse contra sus vecinos y a adoptar una medida que echa más leña a la incandescencia absurda que derrumba cada día un poco más la relación entre los dos países.

Realmente es de buen recibo la gestión de acercamiento que inicia el rey de España, tratando de evitar un mayor agravamiento en la relación, camino por el cual será muy difícil la prosperidad anunciada para los habitantes de la zona de Fray Bentos, por la incidencia económica que tendrá en la región la actividad de esa empresa multinacional. Una planta continuamente jaqueada, con caminos de proveedores cortados, centro de polémicas y disputas, es muy difícil que se pueda convertir en un centro productivo modelo que daría trabajo a cientos de fraybentinos.

Al actual ritmo de las obras es posible que el año próximo la planta de Botnia ya esté produciendo celulosa. ¿Pero el costo que debe pagar el pueblo uruguayo no será demasiado alto? Y ese costo, ¿será solo consecuencia del radicalismo de los «piqueteros» de Gualeguaychú o también de errores en la conducción política de la relación entre los dos países?

El camino emprendido por Uruguay ante los organismos de Justicia internacionales, el ecuménico Tribunal de La Haya y el más modesto Tribunal de Controversias del Mercosur, ha sido exitoso, mostrando que en ese nivel la posición del país está ajustada a derecho, que las cuestionadas plantas no provocarán ningún tipo de agresión al medio ambiente, lo que fue el caballito de batalla de los violentos «ecologistas» entrerrianos, a quienes se sumaron en un primer momento organizaciones con el prestigio de Green Peace, que ahora metió violín en bolsa y desapareció de la zona.

Sin embargo, cuando ante un nuevo pedido de intervención de ese Tribunal al que Uruguay le solicitó una medida cautelar, ante el agresivo corte de ruta practicado por el grupo de «piqueteros» entrerrianos, decisión de aplicación obligatoria para el gobierno argentino que, de no hacerlo, quedaría ante el mundo desacatando el máximo tribunal de controversias existente a nivel mundial, habiéndose incluso fijado las audiencias para dentro de unas pocas semanas, el clima de improviso se enrareció innecesariamente.

Es una lástima que este camino se vea ahora obstaculizado por una escalada de declaraciones y una tensión binacional que servirá, obviamente, para enlentecer la relatividad del tiempo para llegar al punto final. *

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