Participación y coaliciones

Hoy se vuelve a insistir por parte del Frente Amplio con la oferta participativa en entes y organismos de contralor al nacionalismo. Salvando los órganos de contralor, allí sí se hace necesaria y responsable la representación de las minorías, me niego a aceptar como utilidad la «necesidad» de nuestra presencia partidaria. En primer lugar porque un solo representante por directorio ante mayoría absoluta, es muy poco y pobre el contralor de marras partidario. En segundo lugar porque esa voz «afónica» por las circunstancias de soledad obvias, solo sirve en los hechos para legitimar, justificar y avalar lo resuelto por la mayoría. Si se acierta, el éxito es de la mayoría y si las gestiones fracasan y son un desastre, la responsabilidad se reparte. O sea, los 26 «carguetes» más o menos, que se ofrecen entre las decenas que hay en todo gobierno, comprometen muchísimo más que la magra utilidad que se puede aportar por más experiencia, sabiduría y oficio que se puede ofrecer. En tercer lugar no olvidemos, y políticamente no es poca cosa precisamente, que durante años el propio Frente nos endilgaba cada vez que los blancos «entraban» en coaliciones con los colorados, intereses subalternos mediáticos y por supuesto espurios. Salvo cuando Sanguinetti los interesó a ellos integrándolos en su primer gobierno. Y en buena medida, hasta les podían asistir razones válidas. Era sabida y de allí la oposición que siempre hubo en las bases blancas, radicales y hasta algunas veces agresivas, de llegar a acuerdos con el coloradisimo. No obstante había dirigencia que luchaba, no por el interés general sino por la «pitanza» particular de colocarse jerárquicamente durante 5 años con buenos sueldos y beneficios que ello implicaba. Y esta realidad aparejaba las corrupciones sufridas en esas oportunidades.

Mentira que se eligen por capacidad, probidad y talentos. Se va, y ningún partido está libre y es mal de todos, por poder económico, influencias partidarias de amigotes y alcahuetes o ingeniosidades para ganar espacios y serle útil al jerarca de influencia que lo ubica en beneficio propio. Lo de «servicio a la patria» «defensa del bien público» o a los «más necesitados», etc., no pasa de frases hechas muy bonitas para párvulos de escuela. Las realidades son otras. Que nadie se saque el lazo de la pata pues a todos les caben culpas. Y hoy, al ofrecer los 26 «carguetes» se hacen por estas razones y no por otras. El gobierno necesita el aval de las minorías por múltiples razones y hasta por la imagen internacional ante los organismos de crédito que exigen controles elementales.

Los 26 «carguetes» ni nos honran patrióticamente pues es muy escasa la utilidad de los mismos, ni incluso sirven desde el punto de vista mezquino y egoísta partidario. Los blancos edificamos nuestra grandeza a través de 170 años de historia en la soledad de las cuchillas defendiendo no lo personal sino el interés heroico de las libertadas públicas, voto secreto, honradez administrativa. etc. Ningún blanco hizo revoluciones por cargos o posiciones públicas, ni siquiera por el poder mismo. Saravia puso los títulos de sus campos para comprar armas como garantía para la revolución, no por cargos en los Entes, ni por Misterios. Leandro Gómez murió en defensa de la soberanía nacional y no por viajar diplomáticamente de congreso en congreso pago de viáticos internacionales. Herrera murió pobre despojándose de una fortuna heredada en beneficio de la Patria y el Partido.

Estuvo bien Larrañaga como jefe del Partido Nacional, en su momento al negarse a coaliciones y vuelve a estar bien cuando trae la referencia de Wilson cuando dijo: «a la Patria todo y a los gobiernos lo que se merezcan». Eso es lo que nos diferencia de los batllistas. Sepa definitivamente el Frente Amplio, que los blancos no somos iguales que los colorados. ¡Ni siquiera parecidos! *

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