La pobreza continúa retrocediendo en el Uruguay
Recientes estudios del Instituto Nacional de Estadística ratifican que la pobreza y la indigencia decrecen, ya que en el primer semestre del corriente año hay 122.000 pobres menos y casi 30.000 dejaron de ser indigentes.
Considero que es promisorio el trabajo que está haciendo el actual gobierno en la atención de los más necesitados, no obstante, sigue siendo una cifra preocupante la de 786.000 pobres en el país urbano, por lo que se debe insistir y si es posible, acelerar, los distintos proyectos que están en marcha, para que esos uruguayos vuelvan a tener los recursos necesarios para su sustento y el de sus familias, que no es otra cosa que recuperar la dignidad.
No únicamente la crisis del año 2001 y de 2002 subió el número de pobres, sino que desde principios de la década del noventa se aprecia en las estadísticas un sostenido crecimiento de la pobreza.
Pueden haber incidido en esta situación factores externos y no los niego, pero también es cierto que los gobiernos anteriores, que siempre estuvieron coaligados, Partido Colorado y Partido Nacional, no se ocuparon responsablemente de atender a esos sectores sociales, que fueron marginados por políticas económicas erróneas. No existía en el país una coordinación adecuada de políticas sociales e inclusive subestimaron y desecharon los anuncios y advertencias que hacían analistas sociales y nuestro propio Frente Amplio. La soberbia de no escuchar significó en definitiva el deterioro del tejido social que tenemos la obligación de recomponer con premura.
Monopolizaron la Administración Pública y los Entes Autónomos impidiendo que el ciudadano común accediera a cargos en el Estado. Los reservaron para la aplicación del clientelismo y nepotismo más repudiable. En el mismo momento que votaban leyes para suprimir el ingreso a la función pública, distribuían con el mayor desparpajo cargos de toda índole, dentro de los cuales estaban suculentos contratos de obra. Cerraron el grifo para la mayoría de la población, pero lo abrieron al máximo para otorgar cargos entre sus allegados.
Continuaron las políticas económicas de la dictadura abriendo el mercado en forma indiscriminada, originando las inevitables consecuencias de cierre de fábricas, el quiebre de comercios y unidades productivas, lo que inevitablemente desembocó en un aumento desmesurado del desempleo (llegó a casi el 20% en los años 2002 y 2003), y el avance de la pobreza y la marginación.
También el deterioro de los salarios y las jubilaciones fue alarmante, situación que la estamos revirtiendo gradualmente.
Pretendieron vender el país, como lo hizo el menemismo en Argentina, quisieron privatizar parcial o totalmente las empresas públicas y para ello fueron creando las condiciones a través de una pésima administración, a fin de desprestigiarlas y convertirlas en ineficientes para justificar las privatizaciones. El Banco Hipotecario es un claro ejemplo de esa nefasta estrategia política.
La pobreza no creció por ventura del destino, sino por causas vinculadas a esas políticas económicas que denominamos neoliberales. Así lesionaron o devastaron profundamente a la producción uruguaya; a la industria textil; a la metalúrgica o por ejemplo, a la industria del calzado originando el cierre de varias fábricas. Se equivocaron o fueron cómplices de intereses económicos espurios, cuando a principios de la década del noventa ambos partidos decidieron suprimir la plantación de la caña de azúcar, cerrar «El Espinillar», convertir a Constitución y Belén en pueblos fantasmas y destrozar lo que era orgullo de los uruguayos, el polo de desarrollo de Bella Unión.
El gobierno frenteamplista que preside el compañero doctor Tabaré Vázquez ha implementado cambios para atender al conjunto de la sociedad, en particular a los menos privilegiados. El desarrollo de los distintos programas del Plan de Atención a la Emergencia Social es una demostración de ello. Los importantes recursos asignados recientemente en la Rendición de Cuentas ayudarán para que a partir del 1° de enero próximo haya más trabajo y por lo tanto menos pobreza.
Los nuevos vientos que surcan Latinoamérica hacen, también, que la Cepal nos informe que la pobreza en América Latina y el Caribe ha disminuido por debajo del 40% en los últimos cuatro años. Se reconoce un aumento de la equidad y de la disponibilidad de recursos para el área social. Entre 2002 y 2006 la pobreza disminuyó del 43 al 40% y la indigencia del 19 al 15%.
Como podemos apreciar, todavía hay mucho que hacer en nuestros países, pero aseguro que no es por casualidad la baja de las cifras mencionadas, tiene que ver con la asunción de gobiernos de izquierda y progresistas en Latinoamérica. El desvelo por achicar la brecha entre pobres y ricos está presente en los gobiernos de Brasil, Venezuela, Bolivia, Chile, Argentina con sus peculiaridades, en el futuro mediato lo serán Nicaragua y por supuesto, en nuestro querido Uruguay.
La izquierda demuestra que es posible cambiar, solo es necesario ser más humano, más sensible, más fraterno y aplicar políticas económicas que ayuden a implementar definitivamente la justicia social en nuestros territorios. *
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