A diez días de las elecciones en Venezuela
A nadie escapa la enorme importancia política que reviste la próxima instancia electoral en Venezuela.
El gobierno encabezado por Hugo Chávez ha desplegado una iniciativa inusual tanto en el terreno de las decisiones políticas domésticas como las que remiten a las relaciones internacionales, especialmente con los países de la región sudamericana y el Caribe.
Si su política interior ha desatado, desde hace ya muchos años, una oposición frenética y estridente, especialmente protagonizada por sectores de las capas medias y del privilegio, la política internacional del chavismo ha conmovido no solo dentro de su patria sino en todo el continente. De ahí el interés y la expectativa que las elecciones del próximo 3 de abril vienen despertando en todas partes.
En estos días se ha difundido un documentado artículo de la ensayista chilena Marta Harnecker, de vasta y conocida obra sobre los procesos de cambio en nuestra América Latina.
El escrito revela la agudeza y la brevedad de quien conoce a fondo los temas que trata. Su experiencia latinoamericana y su formación teórica permiten a la autora presentar una serie de afirmaciones nítidas que resumen los aspectos principales de la situación política, económica y social que se vive en aquel país.
Para la autora, «La idea fuerza más importante del presidente Chávez: la pobreza no podrá ser eliminada si no se entrega poder al pueblo» permite entender las iniciativas impulsadas especialmente en los últimos dos años, decisivos después de los episodios de 2002: «El fracaso del golpe militar de abril de 2002 (más del 80% de los generales con mando operacional se mantiene fiel a Chávez y a la Constitución) constituye la primera gran derrota de la oposición y un verdadero regalo para Chávez. Estas circunstancias permitieron que los actores se desenmascararan y el pueblo adquiriese un mayor nivel político (dentro de las filas militares y dentro de los cuadros civiles ya se sabe con quién se cuenta y con quién no). Crearon el terreno propicio para avanzar en la depuración de la institución militar. Dividieron a la oposición. Hicieron recapacitar a sectores cada vez más numerosos de las capas medias, que antes estaban en contra del proceso, al ver la anarquía a la que podría conducir la marginación de Chávez».
Un segundo factor, para Harnecker, resultó decisivo: «El intento frustrado de parar el país el 2 de diciembre de 2002 fue la segunda gran derrota a la oposición. El país no se detuvo. Chávez no se doblegó. Pero lo más importante, la industria petrolera pasó desde entonces realmente a control del Estado venezolano. Este fue el segundo gran regalo de la oposición. Por su actitud subversiva, saboteadora, alrededor de 18 mil cuadros gerenciales de alto y mediano nivel opositores al gobierno y que de hecho ejercían el control de la empresa crearon las condiciones legales para ser despedidos».
Finalmente sostiene Harnecker: «La ratificación del mandato del presidente Chávez en el referendo revocatorio del 15 de agosto de 2004 –un proceso inédito en la historia mundial– fue la tercera gran derrota que sufrió la oposición venezolana. El triunfo de Chávez con una enorme diferencia de votos (…), ante la mirada atenta de cientos de observadores internacionales que ratificaron unánimemente sus resultados, fue el tercer regalo de la oposición. Nadie podía dudar ya del carácter democrático de su gobierno».
En el contexto así presentado por la ensayista (el artículo agrega una contundente masa de argumentos destinados a mostrar las razones por las que Hugo Chávez resultará vencedor el 3 de diciembre) todos los sondeos realizados con un mínimo de profesionalismo muestran al candidato bolivariano con una marcada ventaja sobre el candidato de la oposición Manuel Rosales quien, al frente de un conglomerado variopinto, está lejos de aceptar tales pronósticos. La oposición venezolana no se ha caracterizado por su apego a la legalidad ni al ‘fair play’ de la política democrática. La palabra la tiene el pueblo venezolano. *
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