Recuperar nuestras más caras tradiciones

La Junta Departamental de Montevideo aprobó por unanimidad el proyecto que crea el «Día del barrilete, cometa o pandorga», con jornadas vecinales denominadas «Los niños primero», «No a la violencia contra los más chicos», etc.,etc.

La cometa o barrilete pintada indistintamente con los colores tradicionales de la patria, o con los escudos de los equipos de fútbol más populares, nos retrotrae a la niñez y está asociada a los recuerdos más preciados para cualquier niño uruguayo.

¿Quién no recuerda cuando nuestros padres o abuelos nos enseñaban la destreza de remontar el barrilete que surcaba el cielo celeste y quedaba fijo sobre nosotros con su cola de papel o trapo y armazón de caña? Debíamos extremarnos para remontarla y tirar y aflojar de la tanza y volver a remontarla. Nuestros progenitores disfrutaban tardes y mañanas enteras viéndonos jugar, entre mates y sonrisas.

Eso difiere sustancialmente con respecto a una costumbre importada por los mercaderes de siempre, costumbres importadas de los pueblos anglo-sajones, que, tomando una tradición céltica o gaélica de carácter pagano, ofrendaban jóvenes a los dioses para aplacar sus iras, seleccionando a sus elegidos para el sacrificio con una calabaza y sebo o grasa humana convertida en vela, que era dejada en la puerta de cada casa, anunciando quién sería el nuevo sacrificado u ofrendado a tales dioses. Así, siglos más tarde, nació Halloween en los EEUU (como Ronald Reagan, «Superman» y la deseada hamburguesa por la que mueren las chicas de sonrisa «pep», oscuros lentes y cuerpos perfectos) explotándose el culto a la muerte para ganar dinero y engañar a los niños y comprar su inocencia haciéndoles repetir la frase «DULCE O DESGRACIA» .(…)

Qué barbaridad, dijera mi «tata»!!

También de aquellos acólitos a las brujas que beben y danzan hasta el amanecer en estas fechas y vaya a saber qué druidas o misteriosos gnomos que envueltos en la ficción envasada en magia y con el propósito de lucrar permean e inundan las góndolas de los supermercados criollos, convertidos en chocolates, caramelos, trajes y fetiches de otras culturas.

Creemos que sería bueno proyectar este rescate de un ícono tan sentido por otras generaciones que hace la Junta Departamental capitalina al plano nacional y convertir ese día, 31 de octubre, como el día del culto a la COMETA, a la vida, los niños y a nuestros auténticos y más caros valores, venerados por nuestros padres, madres y abuelos: el viejo y querido barrilete elevado al cielo patrio y ofrendado en primavera para reafirmar nuestra identidad como nación. *

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