La participación política

Todos los medios sin excepción así como analistas de todo pelo coinciden en considerar la elección interna del domingo como un éxito rotundo del partido de gobierno.

Así lo percibió incluso el colega El País, que en su edición de ayer consagró el título «uno» de tapa al acto electoral, consignando que se habían superado los pronósticos más optimistas.

En nuestro editorial del domingo pasado saludábamos la convocatoria por considerarla un saludable ejercicio democrático; máxime teniendo en cuenta la «rebaja» –decidida por las autoridades del Frente Amplio– de la edad requerida para sufragar, lo que habilitó la concurrencia masiva de jóvenes, muchos de ellos adolescentes, deseosos de aprovechar la oportunidad de participación política.

Pero en ese mismo editorial advertíamos de un fenómeno que se daba paralelamente al crecimiento electoral del Frente Amplio: el debilitamiento de la militancia. Pues bien, entre las muchas lecciones que nos ha dejado la elección del domingo, cabe destacar la de que la militancia no está adormecida ni ha perdido el interés; antes bien, por el contrario, fue visible el entusiasmo de los ciudadanos que soportaron varias horas de cola en cada mesa receptora. Esto debe leerse como un mensaje claro que emite la masa frentista hacia la dirigencia y los cuadros medios de esa colectividad política como diciendo «aquí estamos».

Fuerza es reconocer que en la masiva concurrencia a votar mucho tuvieron que ver –muy a su pesar, desde luego– los ataques de la oposición enmarcados en una estrategia de enfrentamientos y de crítica destructiva en que se han embarcado los partidos del llano. La seguidilla de interpelaciones, las declaraciones extemporáneas de los líderes opositores recogidas por entusiastas medios complacientes, las acusaciones de autoritarismo y todos los misiles lanzados contra el gobierno se volvieron como un bumerán contra la propia oposición. Los sucesos de las últimas semanas (interpelaciones, llamados a sala, recursos varios, conflicto de los transportistas de carga, etcétera), lejos de obtener el efecto buscado de desestabilizar y debilitar al gobierno, operaron como un estímulo hacia la masa frentista para que estrechara filas junto al gobierno y sintiera la necesidad de expresar su apoyo a las autoridades. Lo grueso de ciertas acusaciones, la reiteración de críticas, no sólo no convencieron a la gente sino que la exasperaron y la irritaron.

La oposición y los operadores mediáticos que le sirven de portavoz –y se prestan gustosos a vehiculizar y maximizar las apocalípticas sentencias de los líderes blancos y colorados– cometieron un grueso error al subestimar a la población y se llevaron un gran chasco.

La historia no registra antecedentes de una respuesta tan contundente a una convocatoria de esta índole. En un feriado especialmente propicio para actividades al aire libre, alrededor de 250 mil uruguayos optaron por concurrir a votar sin importarles las largas horas de cola que debieron soportar. La cifra implica más del diez por ciento del padrón electoral y una cuarta parte de los votos obtenidos por la coalición en las elecciones generales de 2004; los ciudadanos que el domingo adhirieron al Frente Amplio superan en número a los votantes del Partido Colorado en la última elección nacional.

Y si de cifras se trata, también es posible constatar un aumento sostenido de la participación de ciudadanos en las internas del Frente Amplio.

A los uruguayos nos gusta que se nos consulte, nos gusta poder expresarnos en instancias de esta índole, nos gusta participar. Las autoridades del partido de gobierno deben tener en cuenta este dato que surge de la instancia del domingo, y muy buena cosa sería que también los dirigentes de los otros partidos lo tuvieran en cuenta. *

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