Empate
A los defensores del patriarcado –al que se está comiendo la trituradora femenina– les gusta recordar que el hombre fue investido amo y señor del universo desde el tiempo primordial.
Un sofisma, porque todo depende de la fuente a la que se consulte. Por eso es curioso que aún abunden quienes se creen lo que unos cuantos vivos predican para sostener un machismo arqueológico. Les falta lectura, diría el Tuerto Paparamborda.
Pues a leer me motivó una noticia fresquita: ha sido presentado un proyecto de ley sobre igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. El gobierno quiere eliminar la discriminación, promoviendo medidas afirmativas, que, si bien existen como elemento jurídico desde 1954, no se han aplicado con la suficiente eficacia como para que esa igualdad sea verosímil.
Y leyendo me enteré de que en las sociedades eslavas arcaicas, en la Eurasia antigua, la igualdad entre hombres y mujeres era característica esencial. La comunidad toda estaba investida de plenos poderes y las decisiones se tomaban por unanimidad. En el origen de esas sociedades se usaba el término mir, que designaba la asamblea y la unanimidad y significaba tanto la paz como el mundo. Fue un período en que varones y mujeres, en armonía, poseyeron los mismos derechos.
O sea que esto del patriarcado es cosa, al menos en términos históricos, bastante reciente. Como quien dice, un invento moderno.
-¡Lucinda!
-¿Sí, mi dueño?
-Desensillá el alazán, ponele agua a los chanchos y después venite, que ando necesitao de que me rasqués la espalda. ¡Y no te demorés, que te fajo!
Se está yendo esa locura. Aunque a tropezones, con el sufrimiento y la entereza de las mujeres, viene otro tiempo. Me alegro, sinceramente. Aunque, por las dudas, expreso mi esperanza de que no nos vayamos para el otro lado.
-¡Daisy!
-¡Me volvés a gritar y te parto el PC en la cabeza!
-Pero mi alma, si yo sólo…
-¡Nada! Y ahora andá, planchame la mini que hoy salgo a romper todo…
Un empate sería lo más justo. *
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