El conflicto con Argentina: credibilidad cero
Para nosotros el problema en el conflicto con Argentina no son los argentinos sino «el verso» de los argentinos. De algunos, claro. No es ni Botnia, ni ENCE, ni los presuntos problemas ambientales ni los asambleístas de Gualeguaychú, ni los cortes. Nada de eso. El problema es que el ciento por ciento de los uruguayos cree cada vez menos que el discurso ambientalista que viene de la vecina orilla y provoca el corte de la libre circulación en los puentes internacionales, sea verdadero. La mayoría cree que si mañana los uruguayos echamos a Botnia y a ENCE porque comprobamos que el proceso de fabricación de pasta celulósica terminará afectando la salud de los habitantes del litoral de nuestro país, los argentinos serían los primeros en ir corriendo a ofrecerle a las empresas que se instalen en sus costas sobre el Río Uruguay.
Ese es el nudo del dilema que nos mantiene a todos los uruguayos abroquelados detrás de la instalación de estos emprendimientos, pese a que muchos sabemos íntimamente que estas pasteras cambiarán radicalmente el ecosistema de la zona. Pero todos sabemos también que Busti hace años hizo gestiones para instalar pasteras similares en Entre Ríos; todos sabemos que Busti se acordó de la asamblea ambientalista de Gualeguaychú cuando los necesitó para asegurarse su reelección, todos sabemos que en Argentina hay decenas de pasteras obsoletas que contaminan impunemente sus cauces de agua internos y todos sabemos que el gobierno argentino atendió el conflicto cuando vio que los votos de Entre Ríos amenazaban con cambiar el ánimo de los posibles votos kirchneristas en todo el país.
Entonces desconfiamos y ante la duda, preferimos apoyar las cuestionables decisiones firmadas en tiempos del execrable Jorge Batlle, hacer la vista gorda sobre el apoyo a las pasteras del actual gobierno de izquierda, y minimizar el riesgo de afectación del medio ambiente. Además, tenemos la sospecha de que las señoras que cortan la ruta van al supermercado y sacan de las góndolas el papel higiénico más blanco, ese que necesita de los más agresivos sistemas de blanqueo para su fabricación. En ese rincón íntimo, seguro se alegran al poder usar este papel, o su similar de suave texturado para las milanesas en la cocina.
Somos hermanos y por eso los queremos, pero también por eso, los conocemos. Sabemos de su conducción política zigzagueante, de su pingüino provocador arriba del estrado, de sus Fernández obsecuentes y arrogantes, de su constante estado de campaña electoral y de la prevalencia de sus especulaciones políticas sobre cualquier política de Estado, incluyendo su política exterior. Ayer Picolotti Romina participaba activamente en el corte de rutas, hoy ya funcionaria de gobierno pide que lo levanten. Su esposo, que quedó a cargo de la ONG de Gualeguaychú, que la llevó a ella al gobierno, está por ahora a favor del corte.
Y mientras en la familia todos quedan bien con Dios y con el diablo, el gobierno de Kirchner dice «pour la galerie» que no apoya los cortes pero tampoco los evita y así reclama una presunta violación del Tratado del Río Uruguay de 1976 a la vez que viola flagrantemente el artículo 1, nada menos que del Tratado del Mercosur firmado en marzo de 1991.
Un párrafo aparte merecen la inédita presión del gobierno argentino sobre el gobierno español que terminó convenciendo a ENCE para lograr su traslado, y la descarada política de bloqueo económico a nuestro país en los organismos financieros internacionales, conductas que deberán ser denunciadas con firmeza por nuestra Cancillería en los foros mundiales cuando baje la tensión en este conflicto.
Con esa filosofía «slow» de ver la vida que nos caracteriza, nuestra imposibilidad de invadir Argentina frente a la injusticia -aunque blancos y colorados lo reclamen a diario-, y el cariño de tantas cosas comunes, los uruguayos apostamos a la mesurada conducta de la conducción del gobierno de Tabaré Vázquez en esta instancia del conflicto. A la vez, nos parece difícil de creer que una minoría ribereña pueda dirigir la política exterior de ese país con su hermano, es decir nosotros, y nos da la sensación que algo más se esconde en el fondo de tanta saña piquetera volcada al corte de la circulación a nuestro país.
Allí hay algo más, que tiene que ver con la imperiosa necesidad de inversiones que tiene Argentina para mantener en el futuro su crecimiento económico, su mala imagen internacional para lograrlas, y la credibilidad en la continuidad de las políticas de Estado que lleva adelante el gobierno de Tabaré Vázquez, que para los próximos años consolidan a Uruguay como un destino preferente para los capitales extranjeros en la órbita de los países que integran el Mercosur. Luego del rotundo NO de La Haya ante el pedido argentino de una medida cautelar para frenar la construcción de las plantas de ENCE y Botnia; luego de un rotundo NO del Tribunal de Controversias del Mercosur sobre los cortes de ruta; luego que ENCE dijera NO a instalarse en el lugar elegido por la presión descarada del gobierno argentino sobre la empresa a través del gobierno español, luego de un rotundo NO a la posibilidad de que la planta que queda en Fray Bentos tenga efectos contaminantes sobre el cauce del Río, incluso daños acumulativos con ENCE cuando todavía tenía planeado quedarse en el lugar originario. Después de todo eso me pregunto: ¿Alguien piensa todavía que el reclamo de la población de Gualeguaychú se trata de la inquietud por un posible daño ambiental? *
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