Recomponer el diálogo con Argentina
Cada vez aparece más claro que el gobierno argentino empieza a reconocer los errores a que lo ha llevado una estrategia prepotente con la que pretendió avasallar los derechos del Uruguay y de los uruguayos.
Los hechos recientes han mostrado a un país exacerbado en su nacionalismo irracional, intransigente y envalentonado. Por un lado, la misiva improcedente e insolente entregada por el embajador Patiño directamente a la Dinama y no a través de la Cancillería, en la que se cuestiona la instalación de una planta de Isusa con el insólito argumento de que allí se fabricarán insumos para la empresa Botnia. Y por otro, el cuestionamiento y la recusación del informe de la consultora canadiense para el Banco Mundial con el no menos insólito argumento de que uno de los técnicos consultados –el ingeniero Piedra Cueva, decano de la Facultad de nuestra Udelar– ha efectuado trabajos para Botnia.
Con ser gruesas y mostrar una arrogancia incompatible con la buena vecindad que debe prevalecer en las relaciones entre dos países hermanos, estas acciones del gobierno argentino no dejan de tener características de manotazo de ahogado. Son actitudes propias de quien ha tomado conciencia de que su postura es equivocada e inconducente; que la estrategia adoptada hasta ahora, lejos de resultar exitosa, conduce al descrédito internacional y muestra al gobierno argentino carente de razón.
Los organismos que debieron pronunciarse sobre el conflicto han dejado mal parado al gobierno de Kirchner. Primero fue la Corte Internacional de La Haya que no hizo lugar a la pretensión argentina de que se suspendieran las obras. Poco después, el Tribunal del Mercosur dio la razón a Uruguay y consideró ilegales los cortes de rutas. Y finalmente el informe de la consultora canadiense –a pedido del Banco Mundial a los efectos del otorgamiento del crédito solicitado por Botnia– sobre impacto ambiental fue concluyente respecto de que la actividad industrial de procesamiento de pasta de celulosa no tendrá efectos nocivos ni sobre el aire, ni sobre el suelo, ni sobre el agua, ni sobre la fauna, ni sobre la flora, ni sobre la salud de los seres humanos. Tres pronunciamientos categóricos que significaron tres duros golpes a las pretensiones argentinas y a su estrategia demencial.
Habiendo advertido su error y decidido a revisar dicha estrategia, el gobierno argentino intentó evitar los nuevos cortes de rutas anunciados por los militantes del fundamentalismo ambientalista. En vano: los piqueteros, demasiado azuzados por una mezcla de consignas ecologistas apocalípticas y el nacionalismo ramplón promovido desde el gobierno, se han radicalizado y hacen oídos sordos a los ruegos y exhortaciones gubernamentales que pretenden hacerlos desistir de su postura por ser perjudicial para la causa. El gobierno argentino, que toleró los cortes y los estimuló, se halla ahora en un brete.
Tal vez sea éste el momento más propicio para reanudar el diálogo, único instrumento eficaz y civilizado de dirimir conflictos. El gobierno uruguayo, que a pesar de los denuestos de que ha sido objeto por parte de la oposición, ha exhibido una prudencia, una mesura y una firmeza adecuadas, puede tomar la iniciativa en ese sentido. Al respecto, vale la pena tener en cuenta las reflexiones del diputado socialista Roberto Conde, quien en entrevista publicada ayer en LA REPUBLICA, sostiene que es preciso «enfocar el tema argentino desde una perspectiva mercosuriana. (…) El conflicto es materia estricta del Mercosur y tenemos que exigir que el Mercosur se responsabilice tal como en cualquier otro conflicto interno que afecte a alguno de los cinco países miembro».
Esta es otra de las razones por las que Uruguay debe apostar al fortalecimiento del bloque regional. *
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